Opinión

¿Independientes o partidos?

 
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Depositando el voto. (Cuartoscuro/Archivo)

Derivado de la reforma del 2014, la figura de la candidatura independiente es una realidad en todo México. En el pasado proceso electoral, ciudadanos participaron como candidatos e incluso ganaron, los casos más sonados fueron el triunfo del actual gobernador de Nuevo León, un diputado federal en Culiacán y uno local en la zona metropolitana de Guadalajara. De éstos, dos eran políticos con militancia partidaria, políticos profesionales, pero su “purificación ciudadana” se dio como parte de una mercadotecnia política basada en el humor social de los tiempos actuales, a lo cual se sumó el apoyo de poderes económicos que los convirtió en representantes “independientes”.

Recordemos que no hace mucho tiempo se hablaba de “candidaturas ciudadanas”, como si los militantes de los partidos no fueran ciudadanos, por la idea es contraponer candidaturas de outsiders ante el cada vez mayor rechazo a los “políticos de siempre”. El concepto evolucionó de candidaturas ciudadanas a independientes, pero en el fondo subyace lo mismo, el “no nos representan”, el profundo resentimiento social de que este sistema político no le da respuestas a la sociedad y que ello es porque los partidos políticos y la “clase política”, además de las instituciones y las normas están corrompidos y actúan éstos en su propio interés.

La conformación de nuestro sistema político viene de un largo proceso de liberalización política y de sociedad que exige más eficiencia en la gestión gubernamental, más transparencia en el ejercicio del gasto, rendición de cuentas, fin a la impunidad y combate a la corrupción entre otras demandas.

Los cambios en la legislación electoral de 2014 añaden cosas inéditas como la reelección, amén de las candidaturas independientes, pero no han hecho callar las voces de inconformidad contra los partidos y la “clase política tradicional”, y que seguro habrán de incrementarse porque lo que la gente ve es que este sistema no responde a sus expectativas y por ello también hay un desencanto con la democracia, no hay crecimiento económico, hay una fuerte devaluación del peso, no hay generación de empleos, hay despidos por los recortes presupuestales, no hay combate a la corrupción, campea la impunidad, continúa la inseguridad y la violencia y esto es lo que está en el fondo de la inconformidad de la gente, su desafección con los partidos políticos y los políticos de siempre; y ante esto, algunos políticos hasta cierto punto oportunistas, ven en las “candidaturas independientes” la panacea, pero me parece que no es con candidaturas carismáticas populistas como vamos a salir del atolladero, porque no es particular de México, ya en otros países han corrido la aventura con la “variedad” de outsiders y la receta ha sido peor que la enfermedad, desde Collor de Melo en Brasil; Fujimori en Perú, Berlusconi en Italia, Chávez y Maduro en Venezuela, Zyriza en Grecia, ahora Trump en Estados Unidos con su candidatura populista, xenofóbica, etc.

Sólo como un acicate a los partidos y su clase política, las candidaturas independientes podrían tener viabilidad, pero ¿existe visión de Estado en los políticos actuales para entenderlo? ¿hay la fuerza y madurez ciudadana para entender en dónde están las limitantes de esto para no desbaratar la democracia liberal?

Creo que lo que tenemos que hacer es una política de premios y castigos para que el sistema de partidos vaya creando una forma de intermediación con la sociedad, para recuperar la legitimidad de la representación y a la vez dar respuestas rápidas a la agenda de exigencias que la ciudadanía está planteando, porque con base en resultados se vaya conformando en nuevo rostro de la democracia mexicana y así la confianza se vaya recuperando.

Lo anterior no excluye a las candidaturas independientes, pero no hay que apostar a que éstas son la solución, ya que también pueden ser (o lo son ya), instrumentos de los poderes fácticos, además algunos que buscan ser candidatos sólo por el ánimo protagónico y sed de poder, ¿eso es el modelo de democracia que queremos para México?

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