Opinión

Independencia

    
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Celebración de la Independencia de México. (Especial)

Celebramos hoy un aniversario más del inicio de la Independencia. Es la fiesta nacional, y creo que deberíamos tenerlo en mente.

Ha crecido el número de personas que descreen de la historia de México, con o sin razón. Hace un par de días, más que recordar el sacrificio de los adolescentes que intentaron defender (sin éxito) el Castillo de Chapultepec frente a la invasión norteamericana, abundaron los argumentos acerca de si existieron o no los seis Niños Héroes, o si faltó incluir a Miramón entre ellos, o si Juan Escutia en realidad no saltó con la bandera, o quien lo hizo tenía otro nombre, o lo que sea. Lo que sí ocurrió en 1847 fue que los alumnos del Colegio Militar se convirtieron en una de las últimas líneas de defensa, y varios de ellos murieron defendiendo la soberanía nacional.

Hoy se podrá discutir si debemos o no celebrar el inicio de la Independencia más que su conclusión, once años y pocos días después. Con ello, estaríamos cuestionando si nos separamos de España por ser nosotros más liberales o más conservadores que ellos. Y tal vez hasta podríamos pensar si valió la pena o no esa lucha de once años, considerando los casi cincuenta que siguieron sin que pudiéramos establecer con claridad la Nación, sino hasta el triunfo definitivo del grupo Juarista frente a los conservadores de acá y a los invasores franceses.

Y ya entrados en gastos, recordar que a esa República Restaurada le siguió Porfirio Díaz, con grandes éxitos económicos y estabilidad política por treinta años, pero con el inmenso fracaso político de que a su salida nos enfrascáramos en una serie de guerras civiles que se extendieron por un cuarto de siglo, hasta que Lázaro Cárdenas pudo construir un nuevo régimen político. Con la desgracia de que ese régimen, autoritario y populista, nos ha heredado muy poco. La cultura de la corrupción, como dice el presidente, y muy poco más (a pesar de lo que siguen defendiendo muchos otros).

Y ahora hasta de los últimos 25 años estamos decepcionados. Queríamos construir una democracia, y lo logramos, pero no nos ha sido suficiente. Queremos que México sea también un país exitoso, y en eso no avanzamos. Y el tránsito a la democracia nos ha traído una desventaja que no habíamos imaginado: la proliferación de centros de poder. De pronto los políticos se quedaron sin jefe, los criminales sin nadie enfrente, y los demás sin una idea común. Y por eso la desconfianza en las instituciones, el descrédito de la historia, la decepción con la democracia, la angustia por un futuro que no parece ofrecer nada.

Alguna vez comentamos aquí que los mexicanos tenemos una profunda vena de desmesura. Tal vez en ningún día es eso más evidente que en el de la Fiesta Nacional, cuando acabamos con las reservas de tequila, gritamos al son del mariachi, y nos perdemos en una ficticia celebración. Pero ahora me parece que estamos en el otro extremo, también sin medida: como si todo en el país fuese una tragedia, como si 207 años hubiesen sido en balde, como esperando el fin.

Nada de eso. Si compara usted a México con otras naciones, encontrará mucho para quejarse, pero también mucho para celebrar. No estamos hoy al borde de ningún abismo, ni mucho menos. Tenemos dos grandes temas por resolver: corrupción e inseguridad, que en realidad son reflejo de un estado de derecho muy débil. Pero también en esto hemos avanzado notoriamente. Más rápido que los países europeos, cuando estuvieron en ese trance. Falta cada vez menos. Le propongo que el festejo de hoy no sea nada más recordando los dos siglos pasados, sino sobre todo pensando en las dos décadas que vienen. Con eso en mente, grite sin miedo: ¡Viva México!

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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