Opinión

Inclusión financiera universal: ¿cómo lograrlo?

En días pasados se llevó a cabo un magno evento organizado por el gobierno federal, encabezado por el presidente de México y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. El tema: la inclusión financiera.

Sobre este asunto, algunas reflexiones merecen la pena pues mucho de lo que se logre en esta materia dependerá de la definición de inclusión financiera que se tenga, del impulso a diversos tipos de intermediarios y sobre todo de un diagnóstico certero sobre la situación que guardan las zonas rurales, indígenas y marginadas de este país.

México tiene un rezago importante en inclusión financiera frente a países de América Latina y más todavía en el contexto de la OCDE. El indicador de inclusión financiera nacional es de 25 por ciento (Banco Mundial), pero en territorios rurales o indígenas es de prácticamente cero por ciento.

Casi la mitad de los municipios rurales de México carecen de infraestructura financiera -ni sucursales bancarias, ni cajeros-, la población no tiene la posibilidad de ahorrar, recibir créditos o comprar un seguro. Cerca de 20 por ciento de la población adulta no utiliza ningún servicio financiero y 60 por ciento ahorra a través de mecanismos informales como tandas y obtiene créditos por medio de prestamistas, familia o vecinos. El reto de la inclusión financiera es especialmente relevante para las mujeres, pues de las personas que no utilizan servicios financieros de ningún tipo, ni formales ni informales, 58 por ciento son de este género. De las personas que utilizan servicios informales 60 por ciento son mujeres y en igual porcentaje de los 9.8 millones de adultos que utilizan a las tandas como medio de ahorro.

Así, para avanzar en nuestro país debemos partir de una definición amplia. La inclusión financiera, según el último reporte de Banco Mundial, no significa dar crédito a como dé lugar. Para el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD), inclusión financiera es el acceso universal a costos razonables a un amplio rango de servicios financieros, otorgados por una diversidad de instituciones financieras viables. El rango de servicios financieros incluye ahorro, créditos de corto y largo plazos, leasing, factoraje, hipotecas, warrant, seguros, pensiones, medios de pago, transferencias de dinero en moneda local, pago de remesas internacionales y banca móvil, entre otros. Un hecho relevante es que todos los países que han logrado desarrollo económico también han generado en paralelo una amplia inclusión financiera.

En la actualidad, la inclusión financiera no es un tema exclusivo de las finanzas, también lo es de equidad y justicia social, y de cómo incorporar a aquéllos que se han quedado atrás a los beneficios de la economía de mercado, de la modernidad y del sector financiero. Por ello debe formar parte de las estrategias de combate a la pobreza, reducción de vulnerabilidad y es premisa para el desarrollo de actividades económicas en zonas pobres. De ahí que la inclusión financiera debe formar parte complementaria de todo programa de subsidio al campo, al emprendedurismo, a la educación, a la equidad de género, entre otros.

En el caso de zonas rurales, la inclusión financiera sólo se logrará mediante la creación de infraestructura financiera de proximidad, desarrollo de productos innovadores adaptados a las condiciones y necesidades de la población rural, así como políticas públicas que generen condiciones y capacidades humanas para un entorno de inclusión favorable.

En cuanto al tipo de intermediarios, se requiere una oferta institucional amplia: desde las pequeñas instituciones capaces de proveer ahorro, crédito y seguros, hasta las más especializadas en financiamiento para la producción o sociedades de garantía recíproca. Aunado a esto, se deben desarrollar esquemas alternativos de garantía que permitan reducir las tasas de interés en el mercado y desarrollar la investigación aplicada para el diseño de nuevos productos financieros y tecnología con el objetivo de masificarlos y hacerlos sostenibles.

Por ende, la respuesta a ¿qué servicios financieros necesitamos?, pasa necesariamente por la respuesta a la pregunta ¿qué población meta se quiere atender? Por lo tanto, la respuesta no es unívoca.

Asimismo se necesita cambiar la visión del Estado y las políticas públicas para reorientar los subsidios y los fondos disponibles en la banca de desarrollo para que éstos sean canalizados a las zonas de mayor exclusión social y ausencia de mercado de capitales, así como para que permitan crear y fortalecer intermediarios financieros de todo tipo y escala.

Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social, A.C.

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