Opinión

Incertidumbres

 
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Meade

De por sí el último año del sexenio estará complicado. La campaña será dura y ríspida, con resultados problemáticos. El ganador en la elección presidencial obtendrá alrededor de un tercio de los votos y su partido (peor como independiente) no tendrá mayoría en el Congreso. La inseguridad pública probablemente seguirá al alza (luce imparable) y además continuará un Donald Trump en la Casa Blanca.

A ello hay que agregar que el gobierno no ayuda. Al parecer el presidente Peña y su equipo no tienen problemas en agregar más leña al fuego de la incertidumbre. Por un lado, está el nombramiento del gobernador del Banco de México. Ese importante balón lleva meses en la cancha de Los Pinos, y parece que el presidente olvidó patearlo al campo del Senado.

Ahora sí, tras meses de espera, hay nerviosismo al respecto. Ya se habla de Roberto del Cueto como gobernador provisional. Del Cueto Legaspi lleva una década como subgobernador y no es una personalidad inquietante. Lo preocupante es que el presidente Peña no ha hecho lo correspondiente para llenar el hueco. Gente buena sobra, de Alejandro Díaz de León a Manuel Ramos Francia (ambos subgobernadores). Ninguno con la estatura internacional de Carstens, todos con sobradas credenciales técnicas y de experiencia en banca central. Y si un subgobernador asciende, ojalá su silla sea ocupada por Lorenza Martínez Trigueros (no, no se trata de cubrir una cuota de género, sino de capacidad y experiencia).

Ese fuego por el lado del Banxico era innecesario. De paso, muestra al PRI en toda su pleitesía ante el presidente. No hay duda que, con sus satélites habituales, aprobarán la propuesta peñista en muy poco tiempo. Un poco de pudor para mostrar cierta deliberación sobre la persona propuesta habría sido mejor.

A ello hay que agregar la negociación, realmente ya pleito abierto, en torno al TLCAN. El secretario Guajardo peculiarmente declaró que México sufriría un impacto negativo “de corto plazo” para luego ajustarse si Estados Unidos se retira del acuerdo. Quizá buscó tranquilizar el ambiente, pero más bien mostró una complacencia divorciada de la realidad. Ante un equipo negociador estadounidense empecinado en demandas inaceptables, lo mejor es prudencia y espera, no bravatas que se sabe son falsas.

A lo que se debe añadir, por supuesto, el bailoteo en torno al 'tapado'. Sólo hay una persona que conviene al PRI: José Antonio Meade (porque no pertenece al tricolor). Ya aprobada la legislación fiscal, hay vía libre para designarlo. Igual el presidente Peña sigue titubeando, quizás esperanzado que una ola de apoyo popular arranque para alguno más cercano a su persona. De ser así, lo hace en vano.

Todo mezclado con un presidente que luce molesto cuando las cosas no suceden como el libreto que le presentan sus asesores, y que en estos tiempos son muchas. Ahora resulta que la ciudadanía ‘bulea’ al gobierno.

Un conjunto de incertidumbres, varias innecesarias, que ojalá no impliquen un precio caro a pagar.

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