Opinión

Incentivar en el campo, mejor que subsidiar

 
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Campos de maíz en Brasil (archivo/Reuters)

Elevar la eficiencia del aparato productivo del país ha sido un objetivo planteado desde el inicio de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, al ser factor fundamental para mejorar la calidad de vida de los mexicanos.

En el caso del sector primario, se han puesto en marcha nuevas políticas públicas, y otras han sido redireccionadas, con el fin de impactar en mayor medida en la productividad y que ello represente mayores ingresos a los productores y mejor nivel de la calidad de vida de las familias en el medio rural.

En primer lugar, se ha pasado de una visión asistencialista, basada en el concepto “subsidios”, a una de incentivos productivos, bajo la cual se promueve la correspondencia y una cultura de mayor eficiencia en los procesos productivos del sector agropecuario y pesquero.

Es, digamos, la parte dura en el trabajo de respaldo a los productores, bajo la certeza de que los recursos públicos deben ser cada vez mejor utilizados en acciones que, en el caso del campo, reditúen en mejores rendimientos agrícolas, mayor disponibilidad de proteína animal y más cosecha o captura de recursos pesqueros, todo en un marco de desarrollo sustentable.

El ingreso del productor, con base en un incentivo productivo y no un subsidio, puede o no ser correlativo en cantidad en el corto plazo, pero en calidad hay una gran diferencia: el Estado hace más eficiente su operación y el individuo adquiere y desarrolla capacidades para mejorar sus condiciones paulatinamente.

La oferta programática que el gobierno federal ha puesto en marcha para dar forma a los incentivos productivos se expresa principalmente en el Proagro Productivo (antes Procampo), el Progan (Programa de Producción Pecuaria Sustentable y Ordenamiento Ganadero y Apícola, que impulsa también la adopción de tecnología y el cuidado de los recursos naturales de áreas ganaderas) y el Propesca (por primera vez se otorgan incentivos a la productividad del sector social de la pesca).

Entre otros factores, estos programas se caracterizan porque hacen una segmentación de productores, de tal forma que haya incentivos diferenciados en función del estrato o escala productiva a la que pertenezcan, saliendo más favorecidos quienes más lo necesitan.

El ejemplo es el Proagro Productivo, el cual, justo por este impacto, está dentro de las acciones que la Sagarpa desarrolla en el marco de la Cruzada Nacional contra el Hambre, bajo la vertiente “Incentivos para el mejoramiento de la productividad agrícola”.

En 2015, los predios beneficiarios del Proagro Productivo ascienden a tres millones 592 mil 936, que representan una población objetivo de dos millones 336 mil 943 productores y una superficie agrícola de 12 millones 719 mil 221 hectáreas agrícolas en todo el país.

El estrato de autoconsumo de temporal, con predios de hasta tres hectáreas, ubicados en los municipios prioritarios de la Cruzada, recibe un 15.4 por ciento más de incentivos, que los posibilita para adquirir mayor volumen o mejor calidad de semillas y fertilizantes.

Las cuotas son: autoconsumo, mil 500 pesos por hectárea en aquellos municipios incluidos en la CNCH; mil 300 para productores de autoconsumo del resto del país; mil pesos para el estrato de transición, y 963 pesos para el comercial.

Con reglas más claras y sencillas, a través del Proagro Productivo se ratifica el compromiso del gobierno de la república de incentivar las inversiones en el agro, reducir la pobreza, generar más empleo, elevar la productividad agrícola, fortalecer la seguridad alimentaria y aumentar la participación de los productos mexicanos en el mercado nacional.

Mayor productividad en el sector rural significa también avanzar en la seguridad alimentaria del país, lo que se traduce en garantizar a los mexicanos la disponibilidad de alimentos, así como su acceso a ellos.

La presente administración se ha propuesto avanzar en la meta de producir 75 por ciento de los principales granos y oleaginosas que consume México, conforme a los parámetros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En 2012 esta participación fue de 62 por ciento y para 2014 se estima en 69 por ciento.

Por último, elevar la productividad en el campo ha sido también base para el buen comportamiento sectorial que se ha estado registrando. En abril se ratificó la tendencia de crecimiento de 6.8 por ciento del Producto Interno Bruto del sector primario al primer trimestre de 2015, superior al resto de las actividades productivas del país.

Este logro, sin duda, debe traducirse en mejores condiciones de desarrollo en el medio rural, por lo que la actividad primaria habrá de mantener su vitalidad a partir de la prioridad que le ha conferido la actual administración federal.

El autor es subsecretario de Desarrollo Rural de la Sagarpa.

Twitter: @JMVerdugoRosas