Opinión

Incendio árabe

Los distintos conflictos presentes en el mundo árabe contemporáneo suponen una confrontación a mayor escala entre etnias, minorías y grupos extremistas que tienen en grave riesgo la región.

Ya hemos abordado en detalle la confrontación entre Palestina e Israel, en buena medida provocada e incendiada por Hamás como uno de los grupos extremistas con extensiones políticas más activos. De hecho, la otra parte política de los palestinos, la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), encabezada por su presidente Mahmud Abbas, ubicados en Cisjordania, no ha tenido más remedio que sumarse y “apoyar” las demandas de Hamás en Gaza, aunque no sus métodos bélicos. Abbas representaba el sector más dialogante de los palestinos, y con quien el gobierno de Tel Aviv se sentaba a menudo a la mesa en busca de soluciones. Hamás representa la posición más radical, bélica y sangrienta de su pueblo, para quienes los actuales dos mil palestinos muertos son sacrificios necesarios para obligar a Israel a aceptar sus condiciones. Pero la espectacularidad de los ataques o el sonoro involucramiento del Ejército israelita, roba titulares a otro conflicto que tal vez supera ya el número de muertos en Gaza: la guerra civil en Siria, donde grupos armados pretenden derrocar desde hace más de un año al gobierno de Bashar al-Assad, quien se ha negado al diálogo y ha reprimido a los rebeldes.

Esta guerra interna ha afectado ya las fronteras con Líbano y ha provocado enfrentamientos entre grupos armados sirios y destacamentos del Ejército libio. El componente más delicado en este conflicto es el creciente poder y control territorial del grupo islámico extremista Estado Islámico –hace unas semanas conocido como ISIS, por sus siglas en inglés–. Estos paramilitares controlan prácticamente el norte y el este de Siria, y el noroeste de Irak. Su líder ha declarado un califato –gobierno islámico medieval que no reconoce las fronteras actuales– y que ha invadido prácticamente todo el Kurdistán. Hace cuatro días el presidente Obama de Estados Unidos ordenó ataques aéreos sobre el norte de Irak para intentar disminuir la presencia y el poder de este radical grupo.

El Estado Islámico (EI) aplica versiones extremas de la ley islámica “sharia” en todos los territorios sobre los que avanza. El conflicto ha provocado que cerca de medio millón de personas sea desplazado escapando de la brutalidad militar del EI. Irak, por su parte, enfrenta la descomposición total de su nación, sociedad, instituciones y tejido social. Gobernada por una minoría sunita desde los tiempos de Saddam Hussein, la invasión norteamericana concluyó (2011) por instalar a un gobierno chiita, apoyado por Irán. El resultado es que ahora los sunitas y los kurdos por hablar de las minorías más representativas, demandan el fin del gobierno irakí por no atender las necesidades de las otras comunidades. Irán se ha acercado peligrosamente a Rusia – a los ojos de occidente– en acuerdos y contratos para la compra de petróleo iraní y su venta en el mercado internacional, burlando el embargo impuesto por Estados Unidos desde hace más de 25 años. Este domingo triunfó en Turquía –que posee una consistente minoría kurda– Recep Tayyip Erdogán como nuevo presidente de ese país, después de casi una década como primer ministro. Erdogán ha sido el responsable de buena parte de las reformas económicas y estructurales que han impulsado el crecimiento de Turquía en los últimos nueve años. Declarado como islamista y demócrata –una combinación a veces contradictoria–, Erdogán tiene fama de autoritario pero modernista, al grado de tocar la puerta de la Unión Europea e iniciar el proceso de anexión. Está en curso una total recomposición del mundo árabe que recupera el factor religioso como componente fundamental para la política.