Opinión

(In)movilidad vial en la Ciudad de México

 
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Periférico

No está documentado todavía, pero todo apunta a que los tiempos de traslado, embotellamientos, pérdida de horas-hombre y costos en salarios o en horas de descanso perdidos en la Ciudad de México se han incrementado sustancialmente en los últimos meses. Traslados que antes se hacían en 30 minutos pareciera que ahora se realizan en 50 o 60; al menos ese es el consenso en las 'pláticas de café' y en las reuniones laborales. En materia de tráfico, como en otras tantas, la Ciudad no está muy lejos del colapso. Aunque sin duda la explicación es multifactorial, destacan tres aspectos: el crecimiento y características del parque vehicular que ha superado sistemáticamente al de la infraestructura vial, incluyendo la señalización; los factores institucionales; y la incompetencia de las autoridades en la gestión de la movilidad en la CDMX.

A nivel nacional en 2009-2014 el parque vehicular en circulación aumentó 23 por ciento (4.2 por ciento por año), tasa superior al crecimiento del PIB en ese lapso (18 por ciento). En la Ciudad de México el incremento total de los vehículos circulando fue de casi 15 por ciento y en la zona metropolitana del Valle de México de 35 por ciento en ese periodo. Así, en 2009 el número de vehículos por habitante en el país se situó en 0.28 y se incrementó a 0.31 en 2015; en la CDMX fue de 0.47 y 0.52 en esos años, respectivamente. Ese aumento fue consecuencia tanto de una recuperación moderada pero positiva de los ingresos reales y de la masa salarial —esto es, de la combinación del crecimiento del empleo y de los salarios— así como del financiamiento formal bancario y no bancario para la adquisición de vehículos.

A esos 'factores económicos' se suman los institucionales. El nuevo Reglamento de Tránsito para la Ciudad que entró en vigor en diciembre del año pasado, y que las autoridades sostienen que ha generado beneficios como un menor número de accidentes involucrando peatones y ciclistas, lo que es factible, también se ha traducido en complicaciones para la circulación vehicular al reducir los límites de velocidad, prohibir la vueltas continuas, etcétera. El sistema de semaforización de la ciudad, que ya es obsoleto, no se ha modernizado por 'falta de recursos presupuestales'; tampoco se han reparado (bacheo), ampliado o construido vialidades para el transporte privado, menos aún para el servicio público con excepción del Metro que parece que sí se ampliará; la modernización del transporte masivo —en particular la sustitución de microbuses— parece una utopía que se pospone indefinidamente. A ello se suma la falta total de aplicación de sanciones a ese tipo de transporte ante violaciones flagrantes de la normatividad: operación de pasaje en cualquier lugar y no en paradas autorizadas, paraderos caóticos e ilegales, anarquía en el registro de unidades y choferes, obsolescencia y estado lamentable de vehículos, entre otros.

Sin duda, al caos vial también contribuye el 'factor educativo', es decir, la ausencia del cumplimiento de normas elementales de urbanidad vial como estacionarse en doble fila, no ceder el paso, etcétera. Mucho tiene que ver la impunidad y la corrupción que prevalecen en múltiples ámbitos de la Ciudad (y del país).

Todo lo anterior se exacerba con la incompetencia de las autoridades del gobierno, especial en el área de 'movilidad'. Nunca estudiaron el fenómeno de los vasos comunicantes, por lo que bloquean accesos a vialidades primarias (Periférico, Viaducto) para darle prioridad a secundarias (lateral) propiciando una congestión generalizada, con una enorme proliferación de 'postes azules' diseñados para desvíos viales (¿de quién será el negocio?); los policías siguen operando semáforos en cruceros que sólo dan prioridad al suyo, aunque generen congestionamientos de kilómetros; cierre arbitrario de calles por construcciones privadas, etcétera.

Ojalá en la pomposa reunión del Liderazgo Climático de Ciudades C-40 que se lleva a cabo esta semana en la CDMX las autoridades aprendan algo de movilidad vial y la apliquen antes del colapso citadino.

Twitter: @ruizfunes

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