Opinión

In-com-pe-ten-cia

   
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El gobierno de la República está metido en un verdadero brete. El dilema que le plantea la CNTE es la rendición incondicional o utilizar la fuerza y correr el riesgo de incendiar la pradera.

No se llegó a esta situación casualmente. Desde 2013, la estrategia frente a los maestros radicales ha sido contradictoria. Vale, por lo tanto, recapitularla.

Bajo Fox, en 2006, la APPO y los maestros tomaron la ciudad de Oaxaca durante seis meses, pero finalmente fueron sometidos sin que hubiera muertos. El regreso del PRI a Los Pinos trajo dos novedades: la defenestración de la Maestra y el empoderamiento de la CNTE. Cómo olvidar los desmanes en la Ciudad de México durante meses, que incluyeron el bloqueo del aeropuerto.

La única explicación plausible de esa anarquía en la CDMX eran los vasos comunicantes entre el PRD y la CNTE, que llevaron al gobierno de la República a tolerar lo que nunca antes se había visto. La consigna era preservar el Pacto por México a toda costa.

Hubieron de pasar años para que el gobierno federal reaccionara y decidiera ponerle un alto a la CNTE. La llegada de Aurelio Nuño a la Secretaría de Educación impuso un giro para aplicar la ley.

La detención de los principales líderes de la CNTE no sólo estaba justificada, sino que siguió el guión que llevó al encarcelamiento de Elba Esther Gordillo. Nadie duda que los líderes de la CNTE han sido y son más perjudiciales para la educación pública (y más violentos) que la Maestra. Sin embargo, ni López Obrador ni el PRD levantaron un dedo para defender a Gordillo, pero sí a Rubén Núñez y compañía.

La rectificación del gobierno federal fue tardía, pero bienvenida. Y todo iba relativamente bien. La CNTE perdía fuerza y capacidad de movilización, al tiempo que se aplicaban sanciones a los maestros que faltaban a clases injustificadamente.

En ese juego había reglas y procedimientos escritos y no escritos. La regla número uno era muy simple: la aplicación de la fuerza del Estado era indispensable, pero debía hacerse con saldo blanco.

Resulta, pues, aberrante que el gobierno federal haya emprendido el desalojo en Nochixtlán, un poblado donde existen tres normales que alimentan a la CNTE, donde hay presencia de organizaciones guerrilleras y adoctrinamiento de la población, sin establecer los protocolos para evitar enfrentamientos armados.

Por eso, no sólo hubo violencia, sino ocho muertos, ninguno de las fuerzas federales, y el gobierno de la República fue incapaz de proporcionar una explicación rápida y consistente (si bien la autopsia de los cuerpos acaba de confirmar que hubo balas que no provenían de los federales).

El hecho es que en menos de 24 horas la situación dio un giro de 180 grados. El gobierno federal perdió la iniciativa y súbitamente fue acorralado por la CNTE y sus aliados. La responsabilidad es en buena medida de la propia autoridad, porque la provocación estaba cantada. No se sabía cuándo, pero era evidente que ocurriría.

La palabra clave es in-com-pe-ten-cia. Un Estado que es incapaz de aplicar la ley sin caer en provocaciones y sin cometer abusos está condenado a la impotencia. A menos, claro está, que salte por encima de la ley y pueda hacer caso omiso de las protestas y las denuncias dentro y fuera del país.

Nochixtlán contiene varias enseñanzas: a) los vasos comunicantes entre la CNTE y organizaciones guerrilleras son reales y funcionan; b) tanto los maestros como los grupos radicales tienen base social, acotada, pero real. El reciente manifiesto firmado por 40 presidentes municipales contra el gobierno federal lo archiconfirma, por si hiciera falta.

Para empeorar las cosas, Osorio Chong ha amenazado con el uso de la fuerza, pero, como era de esperarse, la respuesta la CNTE ha sido incrementar la presión y hasta ahora el gobierno de la República no ha actuado y corre el riesgo de quedar en ridículo.

En suma, si el gobierno federal no está en capacidad de modular la fuerza, evitando enfrentamientos innecesarios y derramamiento de sangre de civiles, es mejor que reconsidere sus opciones, porque Nochixtlán y la historia enseñan que más vale palo no dado, que mal dado.

Pero si eso es efectivamente así, sólo queda la rendición incondicional.

Twitter: @sanchezsusarrey

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