Opinión

Impuntualidad endémica en la vida de unos y los negocios de otros

 
 
     

   

Puntualidad

Dicen los que saben que la puntualidad es el cuidado y la diligencia para hacer las cosas a su debido tiempo o para llegar a (o partir de) un lugar a la hora que se convino.

No importa si es una cita, una entrega o un plazo para ejecutar algo.

Ser puntual no sólo es desarrollar la capacidad de coordinarse cronológicamente para accionar oportunamente lo que resulte necesario, sino prever alternativas para cuando el entorno nos impide la implementación óptima de lo comprometido.

Hay un universo de personas, sin embargo, que caminan por la vida con extrema ligereza en lo que se refiere a la puntualidad.

Pensemos en los no pocos médicos que en su práctica privada citan por rutina a las 400 pm a su primer ingenuo paciente, conscientes de que en el mejor de los casos llegarán a su consultorio una hora tarde para atender a los clientes que se van instalando en su muy bien llamada 'sala de espera'.

Pensemos en los políticos que sistemáticamente arman y cambian sus agendas, desentendidos de forma estructural del tiempo que puedan llegar a esperarlos subordinados, auditorios o contrapartes cuando sus días (casi todos) 'se complican'.

Pensemos en los arquitectos (o constructores) que prometen la entrega de una obra en cierta fecha y tardan poco en argumentar, con razón o sin ella, complejidades externas o accionamientos de terceros 'fuera de su control' para justificar la imposibilidad de cumplir la fecha comprometida.

Tres ejemplos, con muy honrosas y plausibles excepciones, de profesiones o actividades características de una impuntualidad estructural, por diseño, por poca o nula consideración por el tiempo del otro.

Y es que no tenemos que buscarle mucho en nuestro entorno para encontrar otros espacios emblemáticos de falta de puntualidad o para encontrarnos, nosotros mismos, llegando tardísimo a una cita o compromiso, esperando que por virtud de nuestro cargo o de la importancia de nuestro encargo, sea nuestra contraparte la que 'nos tenga' que esperar.

La puntualidad es un propósito continuo. Es una forma de desempeñarse en el actuar cotidiano. Es una demostración silenciosa de consideración y respeto a los tiempos y responsabilidades y de los demás.

Ni en el sector privado, ni en el sector público es fácil acuñar un récord de puntualidad impecable. Siempre se presentan múltiples variables que conspiran en contra de ese deseo.

Pero no hay duda de que en el ámbito de la vida y de cualquier profesión, uno puede elegir entre el argumento preconcebido de que es 'el mundo' quien debe esperarme o el compromiso constante de distinguirse por el cuidado de la puntualidad.

* Empresario y conferencista internacional.

Twitter:
@mcandianigalaz

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