Opinión

Impunidad y violencia

      
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Salvador Cienfuegos, titular de Sedena, pidió que se definan tiempos y labores para las Fuerzas Armadas. (Especial)

1. El discurso del general Cienfuegos se puede resumir en unas cuantas frases. No pedimos, no queremos y no estamos entrenados para perseguir a los delincuentes. Pero además, lo hacemos sin red de protección legal. Las autoridades civiles han fallado.

2. El fracaso de este gobierno en materia de seguridad se puede sintetizar en tres datos: la violencia ha repuntado, la deuda pública se ha incrementado hasta alcanzar 50 por ciento del PIB, pero de ese mundo de dinero no se destinó una parte sustancial al desarrollo y fortalecimiento de las corporaciones policíacas ni a la impartición y procuración de justicia.

3. La impunidad que deriva de un sistema de justicia quebrado y de cuerpos policiacos ineficaces y mal preparados, es la causa principal de los altos índices de violencia y delincuencia. La responsabilidad es de los tres órdenes de gobierno, pero principalmente de los municipales y estatales. El eslabón más débil de la cadena son las policías municipales.

4. Perogrullo: El crimen y la violencia no se explican por la pobreza. Si así fuese, los índices de muertes violentas no hubieran descendido a sus niveles más bajos en 2006 y 2007.

5. La guerra contra las drogas no se puede ganar, pero sí se puede perder. Por lo pronto, el resultado ha sido un debilitamiento mayor de las corporaciones y del sistema de impartición de justicia vía la corrupción, que contribuye a una impunidad desmesurada.

6. El poder del narcotráfico se ha incrementado en las últimas décadas. El punto de inflexión de ese proceso fue el cierre de la ruta del Caribe durante los años noventa, bajo la presidencia de Clinton. El tráfico se desplazó a México con el incremento exponencial de las ganancias y el poder de fuego. De entonces a la fecha, el poder de los cárteles dio un salto cualitativo.

7. La clase política en su conjunto no se ha hecho cargo de la gravedad de la situación. Por eso no se ha priorizado el gasto en seguridad y justicia. Por eso no se ha podido avanzar en la formación de una policía nacional altamente capacitada, o en la unificación de las policías estatales y municipales bajo un mando único. Y, finalmente, por eso se soslaya el fracaso de la política prohibicionista en materia de drogas y sus efectos negativos sobre la violencia y la inseguridad.

8. Los tropiezos y peripecias de la iniciativa del mando único sintetizan la miopía y mezquindad de los 'políticos profesionales'. Cuando Felipe Calderón propuso el mando único se opusieron los alcaldes priistas, que no querían perder ese coto de poder. Cuando Peña Nieto, después de Ayotzinapa, retomó la propuesta, la resistencia provino de los alcaldes panistas, que tampoco querían perder ese coto de poder. ¿Resultado? Inmovilidad y persistencia del déficit de seguridad y justicia.

9. Es por eso que la queja del general Cienfuegos está perfectamente justificada. No hay método ni proyecto para regresar a las Fuerzas Armadas a los cuarteles. Y, más grave aún, tampoco hay una preocupación real por legislar sobre la intervención del Ejército y la Marina en labores policiacas, dotando a los militares de certeza jurídica.

10. La clase política está enconchada en una tesis muy simple: no es posible retirar a las Fuerzas Armadas porque no hay cuerpos policiacos que puedan cumplir con esa labor. Lo cual es totalmente cierto. Pero el problema es que esta realidad es consecuencia de su pasividad e irresponsabilidad.

11. El panorama, hacia 2018, no puede ser más desolador. López Obrador se pronuncia por el regreso de las Fuerzas Armadas a los cuarteles, pero explica la violencia por la pobreza, lo que equivale a mandar el problema a las calendas griegas, y no tiene una sola propuesta para fortalecer los cuerpos policiacos y el sistema de justicia.

12. Por lo demás, el diagnóstico populista de la violencia como consecuencia de la pobreza se está volviendo una epidemia. Peña Nieto lo retomó a principios de su gobierno y le sirvió para soslayar los temas de impunidad y justicia. Ahora, sorprendentemente, Ricardo Anaya ha hecho declaraciones que van en la misma dirección.

13. En suma, no se ve, hacia 2018, ningún candidato, para no hablar del conjunto de los partidos políticos, que esté decidido a tomar el toro por los cuernos y enfrentar la crisis de violencia e inseguridad.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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