Opinión

Impunidad y corrupción

Los efectos de la impunidad son terriblemente nocivos para una sociedad.

El crimen y la corrupción son decisiones a partir de un cálculo. El cálculo es sobre la probabilidad de que te descubran e identifiquen. Si la probabilidad es baja y si además se tiene un cómplice en el gobierno, o al revés, si se comparte desde el gobierno la ganancia, pues ya está, los cómplices no se delatan. La probabilidad de ser descubierto es mínima. Pero aun cuando se identificara el crimen, falta que se acuse y se consigne: la probabilidad es aún menor. Robos, asesinatos o cualquier otro crimen. Y todavía, en la siguiente instancia, siempre habrá un juez que libere mediante un soborno. La probabilidad de tener que pagar por el crimen es casi nula y, en el peor de los casos, habrá el cómplice o el juez o el oficial del Ministerio que lo resolverá mediante otro pago. La corrupción y los otros crímenes resultan, sin duda, del poco costo que tiene ser criminal.

En nuestro país la impunidad es absoluta. Pero no para los pobres. Ellos sí están en prisión por no tener dinero para sobornar. Por robos y faltas menores. A menos que se metan al negocio de las drogas y entonces tendrán socios hasta en las autoridades y tendrán impunidad. La corrupción, por lo tanto, es brutalmente regresiva. El que sale victorioso de un conflicto legal será el que mejor soborne, el que más recursos tenga para comprar jueces y autoridades. En caso de un conflicto de tierra, los campesinos sin recursos perderán. En México no hay justicia, hay sobornos. La justicia está del lado del que pague más.

La corrupción tiene además un sistema de legitimación. Los exgobernadores gozan de una riqueza mal habida sin ser castigados, sin regresar a la sociedad lo que han robado. Los socios y cómplices disfrazados de empresarios viven la misma impunidad, además simulan una imagen de decencia y de enriquecimiento legítimo, con la cínica arrogancia que la ignorancia encuentra en la complicidad. Este es otro brutal efecto de la corrupción: los valores y los objetivos existenciales, en toda la sociedad, se ven adulterados. Los ejemplos a seguir son el pillaje, el cinismo y la pretensión de legitimidad desde un enriquecimiento rápido y perverso.

La complicidad entre socios protegidos y socios protectores autoriza los robos y la impunidad los valida, los resuelve y con el tiempo parece legitimarlos. Los bandidos aparecen con dinero, con negocios, con riqueza aparentemente legítima y son protegidos por sus cómplices. Se pavonean por el mundo como personas de éxito. Y lo peor, el pueblo, la ignorancia, los respeta, por el dinero que sustentan y el poder que los protege. Todo es producto de una búsqueda y acuerdos continuos para compartir prebendas -rent seeking- se comparte el negocio, se acuerda la apropiación ilegítima de los recursos de los ciudadanos. Corrupción con absoluta impunidad.

Ante la ausencia de principios todo es válido. El enriquecimiento sin límites también lleva al lavado de dinero, a la asociación con el crimen organizado y a los miles de homicidios que no se han resuelto. Todo causado por la lógica miope, perversa, del enriquecimiento como único fin en la existencia. Se acaba la cultura del mérito. Los valores humanitarios y los principios desaparecen.

Los moches, otra forma de corrupción, es el burdo soborno directo al municipio con la complicidad, a veces, de las autoridades locales. Pero ahora, cada año, y llámenle como le llamen, otra modalidad ha sido perfeccionada e institucionalizada: transferencias de 10 millones a todos y a cada uno de los diputados. La distribución de recursos sin ninguna rendición de cuentas ya está validada y legitimada. La vulgar simonía, repudiada por los cardenales honestos, reina en la lógica política de México. Se basa en el supuesto de una sociedad poco atenta, ignorante y débil, que parece que puede ser engañada. Pero esa engañada sociedad tiene límites. Las imágenes de México y el "momento" de México desaparecieron. La opinión internacional seguirá con mucha mayor atención el fallido "momento" de México y las causas del desprestigio. Requerimos que todo cambie para que nada siga igual.

Hay varios pasos para volver a ganar un nuevo momento en México. Un paso para dar esperanza a la ciudadanía, que sigue secuestrada por los intereses políticos, sería, entre otros, que se cancelen los 10 millones de pesos a los legisladores. Esa simonía es otra burla a la población y a la democracia. Ahora todos los votos de los diputados pueden estar comprados.

Se acabó la incipiente democracias es otro de los efectos de la corrupción. Acaba con la democracia una corrupción bien arropada por la impunidad.

Twitter: @foncerrada