Opinión

Impunidad a la mexicana (y II)

 
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Como medida preventiva, la SSPDF mantiene camiones antimotines cerca del Monumento a la Revolución. (Cuartoscuro)

En la columna pasada escribí sobre la impunidad legal y la social.

Permítanme ahora contarles de una experiencia en una plática reciente con alrededor de trescientos empresarios. En un momento dado salió el tema de la debilidad del Estado de derecho, así que decidí preguntarles quiénes conocían entre sus familiares y amigos a algún joven que al terminar la preparatoria hubiera decidido ser juez. Nadie lo hizo.

Entonces pregunté cómo esperaban que las instituciones fueran eficientes si no tenemos suficientes funcionarios para aplicar las normas.

Nadie respondió. No era la primera vez que preguntaba esto y tampoco la primera vez que obtenía un cero por respuesta. Este cuestionamiento que hice en relación al sistema judicial, ha tenido idéntico resultado cuando he preguntado (a más de dos mil personas) en diversas reuniones y conferencias quién tiene un hijo, sobrino o conocido interesado en ser un agente del Ministerio Público: nadie. Ambas posiciones, juez y agente del Ministerio Público, no son puestos aspiracionales para la juventud mexicana que los ve como tareas de segundo o tercer nivel.

Es prácticamente imposible disminuir la impunidad si carecemos de funcionarios suficientes para ejecutar las leyes. Y peor todavía: no conseguiremos reducir la impunidad si esos funcionarios, además, no están bien formados. En Estados Unidos, por ejemplo, un policía debe tener una titulación mínima, generalmente grado universitario, para ser considerado. Posteriormente tiene que ir a la academia de policía otros seis meses. México recluta sus policías entre personas con muy escasa formación, en muchas ocasiones ni siquiera con estudios de preparatoria, más urgidos por tener un salario que pague los alimentos de su familia que por entender las leyes que deben aplicar. No he conocido en México a un solo policía que haya obtenido una licenciatura de alguna universidad con prestigio. En cambio, cuando vivía en Washington y mi hijo trabajaba en la policía, conocí a varios de sus compañeros, todos ellos egresados de prestigiadas universidades, de familias de alto nivel educativo o económico y que son altamente respetadas por la comunidad. A diferencia de México, ese respeto se traslada a la fuerza policiaca. El ser policía en Estados Unidos es aspiracional.

El Índice Global de Impunidad IGI 2015 revela que México ocupa el lugar 58 entre 193 estados miembros de Naciones Unidas en materia de impunidad, pero tiene el penúltimo puesto entre las 59 naciones estudiadas en el IGI. El país tiene muy pocos jueces para combatir el crimen: solamente cuatro por cada 100 mil habitantes, mientras que la media de los 59 países incluidos es de 17 magistrados por cada 100 mil personas. Croacia, la nación con el índice de impunidad más bajo, tiene 45 jueces por cada 100 mil habitantes.

No es la mejor combinación posible: policías sin la preparación mínima necesaria y sin espíritu de servicio (este tema lo tocaré en otra ocasión), que encierran a infractores sin que haya jueces en la cantidad necesaria para tratar los casos. Nada de esto mejorará sin un compromiso de la sociedad, de las familias, por formar más y mejores jueces y policías. Este no es un problema que un gobierno en democracia pueda arreglar solo.

Opine usted: rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter: @JaqueRogozinski

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