Opinión

Impactos de la reforma hacendaria


 
 
En los componentes de la propuesta de reforma hacendaria, las modificaciones tributarias se orientan en la dirección correcta al limitar las exenciones y los regímenes especiales de tributación, lo que busca corregir iniquidades, eliminar distorsiones y cerrar algunas puertas a la elusión y evasión fiscales; también se avanzaría al generalizar los impuestos al consumo, con la excepción del IVA en alimentos y medicinas, que se excluyó más por razones políticas que de lógica económica y tributaria. No obstante, esos cambios impactarán la producción, el consumo y la rentabilidad de diversos sectores de actividad económica. La reforma no está exenta de costos.
 
 
En el sector agropecuario el efecto será doble. Por una parte, la homologación del régimen especial del ISR con el general implicaría prácticamente duplicar la tasa actual, eliminar las exenciones fijas y limitar la deducción de gastos sin comprobantes, práctica muy común en el sector. Por otra, el nuevo impuesto a plaguicidas, herbicidas y fungicidas se traducirá en un incremento de sus precios y, por ende, de los costos de la producción agrícola. Si bien es deseable desde un punto de vista ambiental, junto con los cambios en el ISR que sin duda son un avance en la formalización del sector, ese gravamen reducirá la rentabilidad de las actividades primarias, sobre todo en un contexto en que la oferta de productos alternativos menos dañinos (orgánicos) es escasa, los análisis de efectividad son limitados y los productores no tienen la capacitación adecuada ni la cultura para utilizarlos. A ello se agregaría el IEPS a las bebidas azucaradas (refrescos y otras), que reducirá el consumo de azúcar en un entorno de exceso de oferta y precios a la baja de este producto.
 
 
En la edificación de vivienda lloverá sobre mojado. A la crisis que prevalece en el sector, se agregaría eliminar la deducción del gasto en terrenos al momento de la compra, que gozan los desarrolladores inmobiliarios, con un impacto elevado en sus mermados flujos de efectivo; además, se suprimirían las exenciones de IVA en la compra-venta y arrendamiento de casas habitación, así como en los intereses de créditos hipotecarios, lo que tendrá efectos en las ventas del sector.
 
 
En la industria automotriz también habría múltiples efectos: se propone eliminar la deducibilidad de la compra y renta de automóviles en el ISR, así como eliminar el régimen simplificado, exenciones, tasa reducida y facilidades administrativas en autotransporte de carga y de pasajeros, lo que reducirá la demanda de automóviles y camiones. Asimismo, se gravarían con IVA las importaciones temporales en los recintos fiscales automotrices, lo que afectará los flujos de efectivo de las empresas y sus proveedores.
 
 
A lo anterior se sumaría el impuesto al carbono –también ambientalmente deseable– que gravaría la producción e importación de combustibles fósiles (en particular, gasolinas y diesel), es decir, un “IEPS por tonelada de carbono” en su contenido. A pesar de que se redefine la política de precios de las gasolinas, que en principio propone reducir su desliz mensual y acotarlo a la inflación, el nuevo gravamen implicaría un incremento de una sola vez a los precios de esos productos de entre 16 y 20 centavos por litro, según diversos cálculos.
 
 
En el sector minero se eliminaría el tratamiento especial que permite deducir los gastos de exploración en periodos preoperativos, actividad de alto riego y costo para las empresas, y se establecerían nuevos derechos sobre las utilidades antes de impuestos, depreciación y amortización. Las medidas anteriores van en línea con la tendencia impositiva internacional, pero significarían reducir la rentabilidad de uno de los sectores con mayor orientación exportadora de la economía.
 
 
Otros sectores afectados, al eliminar exenciones del IVA, serían el restaurantero, el de espectáculos y el transporte foráneo de pasajeros, lo que se reflejará en mayores precios y, por tanto, en un menor consumo.