Opinión

Imaginemos

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policías

Supongamos que queremos, en verdad, construir un estado de Derecho en forma en México. Nos encontraremos con leyes que no necesariamente ayudan a ello. Siguiendo nuestra costumbre, las hemos hecho para expresar pensamientos y no para contar con normas aplicables. Desde la Constitución hasta la más humilde de las circulares, adornamos nuestras ocurrencias con despliegues verbales que convierten a las leyes en enunciados del mundo imaginario en el que todos somos buenas personas, y sólo el maligno merece castigo.

Pero supongamos ahora que conforme encontremos que las leyes no funcionan bien, las pudiésemos corregir con cierta rapidez y eficiencia. Lo que encontraremos es que, la verdad, nadie había imaginado que las leyes pudieran ser usadas alguna vez, y por lo mismo no tienen mayor interés en que se apliquen. Nos parece que el secuestro es un crimen espantoso (que lo es), y entonces le ponemos una pena inmensa; se nos ocurre que los animales en los circos sufren, y los prohibimos; creemos el cuento del calentamiento global, y promulgamos las leyes más duras del planeta. Bjorn Lomborg (en el WSJ, 16 noviembre) afirmaba que la legislación más estricta en materia ambiental es de México, que supuso que el costo de las medidas ahí establecidas tendría un máximo de 30 mil millones de dólares en 40 años. Pero estimaciones externas lo elevan a 80 mil millones en 20 años.

Digámoslo sin ambages: pura farsa. No queremos leyes, porque no queremos que restrinjan nuestra capacidad de abusar de los demás. Nada más nos enojamos cuando abusan de nosotros, y entonces exigimos la estricta aplicación de la ley… hasta que tenemos oportunidad de abusar de alguien más, y olvidamos la exigencia.

Pero como estamos en suposiciones, imaginemos algo. Imaginemos que podemos llegar a un acuerdo mediante el cual reducimos sustancialmente la corrupción a cambio de una reducción igualmente importante de la evasión fiscal. Imaginemos que se aplica la ley para impedir la venta en la vía pública, y la policía de tránsito hace su trabajo y castiga a todos los que se detienen a su gusto, dan vuelta donde les parece, cruzan intersecciones con el semáforo en rojo, etc. En alarde de imaginación, se limitan las manifestaciones públicas a lugares en los que no se afecte a terceros.

Le pongo números, 80% de profesionistas independientes y arrendadores de inmuebles no está de acuerdo con el párrafo anterior. Cerca de 40% de los empresarios, lo mismo. Todos ellos no pagan o pagan menos impuestos de lo debido. Más de la mitad de la población resultaría afectada si no hubiese venta en la vía pública, unos porque de eso viven, otros porque ahí comen y se surten. No hay cifras de cuántos abusan de los demás en el tráfico, pero le aseguro que en el DF son mayoría. Y limitar manifestaciones es inaceptable para la izquierda, que va desde el PRI hasta donde usted guste, incluyendo manifestantes pero sobre todo líderes y políticos.

Pero ni siquiera en el tema de la corrupción en el gobierno creo que podamos ponernos de acuerdo: ¿despedimos a los dos millones de burócratas innecesarios? ¿aplicamos la ley a universidades públicas en todo sentido: adquisiciones, pensiones, nivel educativo? ¿quitamos los programas asistencialistas que sirven para mantener votos, que rondan 3% del PIB, 500 mil millones de pesos al año?
Pero, claro, esto es un exceso de mi imaginación. Propongamos algo factible.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey

Twitter:
@macariomx

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