Opinión

Iguala

Gil ya no siente lo tupido sino lo duro (no jueguen con la dislexia de Gamés). Las noticias que caen como un curso de arena sobre el caso de Iguala le han puesto a Gamés los pelos de punta. Hay testimonios de que el alcalde prófugo mató de dos escopetazos a un adversario político que formaba parte, además, de su partido; al parecer, todo mundo sabía que los cuñados del mismo alcalde habían sido operadores de los Beltrán Leyva; en YouTube circulan testimonios en donde afirman que la campaña de Ángel Aguirre Rivero recibió dinero de los Beltrán; apoyado por la corriente Nueva Izquierda del PRD, el alcalde de Iguala hacía negocios con narcos, deshacía a sus enemigos y le ordenaba a la Policía cometer delitos.

Gil hesita: ¿no son estas novedades material suficiente para intervenir en el estado de Guerrero y exigirle a Aguirre la renuncia?

Gamés lo leyó en su periódico Reforma: “Lo dejo muy en claro: tengo las manos limpias, no tengo nada de qué avergonzarme, y soy el primero que digo aquí que a las instancias que quieran acudo (…) Si mi renuncia resuelve el caso, si contribuye a darle claridad al asunto tan condenable y delicado no tendré ningún inconveniente (…) Ya lo dije. No me voy a ir como un asesino ni como un vil delincuente”.

Gil sospecha que las palabras históricas, póstumas, heroicas, no sirven para nada. Gamés no pretende disfrazarse de Ministerio Público, Dios lo libre, pero el pésimo gobernador Aguirre no podrá persuadir a persona alguna de que desconocía las relaciones del alcalde de Iguala con los Beltrán Leyva, con el hampa, en fon.

Gobierno ciudadano

Así las casas (muletilla inmobiliaria), a Gil no deja de asombrarle la pobreza con que los políticos de la izquierda, quienes deberían ser los más serios y analíticos, se refieren al tema. El flamante dirigente nacional del PRD, Carlos Navarrete, propuso un gobierno ciudadano en Iguala que sustituya al Cabildo que encabeza José Luis Abarca.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿de verdad creerá Navarrete que un gobierno ciudadano podría restablecer el orden en Iguala, detener al crimen organizado, impedir otra matanza? Ay, Navarrete, ¿es usted, o se hace? Cuando la retórica y la demagogia sustituyen a la política, la cosa se pone fea.

Resulta que Navarrete conocía desde 2013 las acusaciones con las que cargaba el alcalde de Iguala. Muy bonito, y así lo dejó, sin mover un dedo, para que se pudriera al Sol.

Y luego, Navarrete pidió perdón a los guerrerenses por permitir que Abarca fuera candidato del PRD a la alcaldía de Iguala. Sigan haciendo alianzas y ganando posiciones. Anjá. Ahora mal: del gobernador Aguirre, Navarrete no dijo ni una palabra. La comitiva dirigente del PRD estuvo una hora en Iguala y más tarde se dirigió a Chilpancingo.

La verdad es que después de las notas de René Bejarano sobre los crímenes del alcalde de Iguala que publicó su periódico Reforma en una glosa de Roberto Zamarripa, se puede concluir que el PRD está metido en el fango hasta el cuello, con la pena. Añádanle el lodazal del gobierno de Godoy en Michoacán. ¿Son ustedes la opción de un gobierno de izquierda? ¿Reímos o lloramos? Ustedes dirán, y no solamente se refiere Gamés a Los Chuchos; el asunto incluye a las tribus: a Los Bejaranos, a Los Liópez, a Los Cárdenas? Uta.

El líder moral

Por cierto, Cuauhtémoc Cárdenas escribió un artículo en su periódico La Jornada cuyo título lo dice todo: “Presentación ya de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos”. Cárdenas: “Los responsables de los asesinatos y de toda transgresión a la ley, tanto intelectuales como materiales, que tienen nombres y apellidos, deben ser sancionados con todo el rigor de la ley, trátese de quien se trate”. Pusí, nomás faltaba. Gilga añade: qué falta de estructura conceptual, qué ausencia de una idea, de un impulso autocrítico, de algo que no sea un bla, bla, bla.

Oigan a don Cuauhtémoc: “Exigimos que los 43 estudiantes desparecidos de Ayotzinapa sean presentados vivos, que la justicia castigue a los responsables de los asesinatos y desapariciones del 26 de septiembre y que este terrible hecho dé paso a las decisiones políticas que pongan fin a la violencia y a los horrores que la delincuencia ha impuesto y no podemos aceptar como cotidianidad de vida en el país”. Algo más hueco difícilmente encontrarán la lectora y el lector, salvo las calabazas del Halloween que se acerca. Bla, bla, bla. Es que de veras.

La máxima de Quevedo espetó dentro del ático de las frases célebres: “Donde hay poca justicia es un peligro tener razón”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX