Opinión

Iguala y sus responsables

Cada quien sus responsabilidades. Así no hay equívocos ni acusaciones ligeras.

Los hechos de Iguala son gravísimos, pero su origen ni sus víctimas son responsabilidad del presidente Enrique Peña Nieto.

Alguien postuló a José Luis Abarca para alcalde. Eso es responsabilidad del instituto político que lo hizo, que nombró a la innombrable esposa integrante del Consejo Nacional de ese partido y que la perfilaba como candidata a la presidencia municipal de la misma demarcación.

Alguien, presumiblemente Abarca, ordenó el ataque a los jóvenes normalistas, tanto a los que fallecieron como a los que se llevaron.
Algunos dispararon y mataron a seis personas y luego privaron de la libertad a 43 estudiantes; al parecer fueron elementos de la policía municipal.

Presuntamente, algún líder de Guerreros Unidos ordenó ejecutarlos, lo que no está confirmado y ojalá no se confirme nunca.

Antes de irse, el exgobernador Ángel Aguirre dijo que él avisó oportunamente al gobierno federal del estado de cosas en Guerrero. No dijo si avisó también de los pasos en los que él andaba ni combatió tal situación ni actuó respecto de José Luis Abarca ni fue capaz de impedir que desapareciera.

Algunos convocaron y algunos asistieron a protestas pacíficas ejemplares, en demanda de justicia y, especialmente, en demanda de la localización de los normalistas.

Algunos han dañado edificios públicos y han saqueado comercios en el marco de esta preocupación social de alcance nacional.

Todos esos hechos tienen responsables. Ojala la justicia castigue a quien deba castigarse respecto de cada uno de los eslabones en que existan delitos.

El presidente Peña Nieto empezó por señalar que los acontecimientos eran del ámbito local y luego siguió una ruta de acercamiento hasta reunirse con los padres y familiares de los normalistas desaparecidos. Eso, bueno o malo, exitoso o no, es su responsabilidad.

El gobierno federal ha desplegado a un número inusitado de elementos para encontrar a los estudiantes. Exitoso o no el operativo es, desde luego, responsabilidad del gobierno federal.

La detención de José Luis Abarca y su esposa es también responsabilidad federal.

Ya de lleno en la región agitada, el gobierno federal tiene ahora la responsabilidad de recuperar la tranquilidad de la población, restablecer el estado de derecho y devolver a los guerrerenses la paz pública y emocional que requieren y merecen.

Los partidos políticos tienen la responsabilidad de ser cuidadosos a la hora de elegir a sus candidatos para que no se vuelva a postular a personas de dudosa conducta, como ha ocurrido varias veces.

El Instituto Nacional Electoral debe hacer lo que le corresponda.

Las universidades, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación, la academia, los líderes de opinión, también.

Todos tenemos responsabilidades. Pero cada quien las suyas.

Es un despropósito culpar al presidente Enrique Peña Nieto de estos lamentables y dolorosos acontecimientos.

No es que no tenga ninguna responsabilidad en la atención y solución de las circunstancias posteriores. La tiene, desde luego. Pero el presidente, por ejemplo, no postuló a Abarca ni dependían de él los policías de Iguala ni facilitó la fuga del exedil y de su esposa.

No se trata de defenderlo, sino de precisar responsabilidades. Y de contribuir a evitar la desmesura.