Opinión

Iguala, esa fábrica del crimen

Una de las lecciones de la tragedia que vivió Ciudad Juárez es que la impunidad es garantía de que habrá más violencia. No por nada la periodista Sandra Rodríguez tituló un libro sobre aquella población, su tierra, "La fábrica del crimen". No investigar, no perseguir, no enjuiciar y no encarcelar provocó buena parte del infierno de inseguridad que azotó a aquella parte de Chihuahua.

Por desgracia nadie escarmienta en cabeza ajena. Ni siquiera un gobierno federal. La administración de Enrique Peña Nieto tuvo hace 15 meses una oportunidad para intervenir en Iguala. Y con ello quizá, sólo quizá, prevenir la violencia como la del fin de semana pasado. ¿No quiso? ¿No pudo? No lo sabemos. Sólo tenemos una certeza: nadie puede llamarse a engaño, el sábado trágico de Iguala es todo menos sorpresivo.

Porque en junio de 2013 ocurrió en esa región guerrerense, con los mismos protagonistas en la alcaldía y en la gubernatura, una tragedia que la autoridad federal no atendió.

En aquella ocasión fueron secuestrados ocho activistas, que además militaban en el Partido de la Revolución Democrática. Tres de ellos, Arturo Hernández Cardona, Ángel Román Ramírez y Rafael Banderas Román, fueron asesinados. El resto vivió para contar un horror de escenas propias de películas como "Heli", narrativa de un mundo donde los sicarios, drogados las 24 horas del día, disponen a capricho de la vida de quienes han sido 'levantados'.

El crimen sacudió a la clase política de Guerrero. Y al PRD, que demandó del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, y del gobernador (es un decir) Ángel Aguirre Rivero, investigación de los hechos y castigo a los culpables. Incluso hubo una reunión, reportada por la prensa, donde un enviado de la PGR y el mandatario guerrerense sostuvieron una entrevista con sobrevivientes y familiares de las víctimas (aquí la nota al respecto publicada el 11 de junio de 2013 por el diario El Sur http://suracapulco.mx/archivos/85515)

Cuando se habló de aquel crimen, hubo entonces, como hay también hoy, quien recordó que Hernández Cardona se había enfrentado con el hasta este martes presidente municipal José Luis Abarca Velázquez. Y que el edil debería ser investigado. Nada pasó.

A pesar de la gravedad del caso, la justicia nunca llegó para los activistas del PRD. El gobierno de Peña Nieto debería revisar qué no se hizo hace 15 meses en Iguala. De otra manera, está garantizado que sólo será cuestión de tiempo para que una nueva tragedia sacuda desde esa fábrica del crimen a todo México.

Madero aplica la Madraciña.

En un martes inédito en la vida nacional –un procurador de la República anunciando que enjuiciarán a tres militares por la masacre de Tlatlaya y un secretario de Gobernación dialogando en público con estudiantes del Politécnico–, Gustavo Madero ha decidido una de las jugadas más riesgosas para su partido: emulará a Roberto Madrazo, quiere ser juez y parte.

Desde la plenitud del poder partidista, Madero ha decidido ser todo lo contrario a un factor de unidad en el PAN y se perfila para la ruta del Congreso (como había adelantado en estas páginas Pablo Hiriart, por cierto).

Tras el anuncio de Madero, la pregunta obligada es quién sigue de presentar su renuncia a Acción Nacional (la semana pasada se fueron Juan Ignacio Zavala y Rogelio Carvajal). Porque la decisión del líder nacional terminará por hartar a quienes han venido aguantando el estilo y el proceder del chihuahuense. Ya veremos.

Twitter: @SalCamarena