Opinión

Iguala, el laberinto de lo absurdo

Algunos piensan que lo que sucede en Iguala refleja lo que pasa en el país.

Sí y no, porque aunque pudiera afirmarse que los hechos del municipio guerrerense son similares a los que ocurren en otras entidades y demarcaciones locales, también es cierto que el país no es igual a Iguala.

Hay miles de municipios en México que viven en paz y sin el lastre de la violencia y cuyos gobiernos no tienen entre sus elementos a presuntos o reales delincuentes.

Hay millones de mexicanos que por fortuna pueden vivir, trabajar y luchar por lo que anhelan y que lo hacen por encima de los amagos de la violencia.

El que así sea no reduce la gravedad de la confusa historia que hoy vive iguala. Por el contrario, es una dolorosa llamada de atención, que reclama de nosotros una firme posición de no permitir que la delincuencia, la infiltración de criminales en los gobiernos y la descomposición social cercenen al país.

El gobierno está obligado a dar respuesta inmediata y eficaz a este desafío de violencia manifiesta, que es capaz de asesinar a decenas de jóvenes como si no existiera Estado ni leyes ni autoridades.

Es tal el laberinto que hoy presenta Iguala, que la Federación tiene como primer reto investigar lo sucedido, aclararlo y castigarlo.

La ocasión es lamentable, pero también una oportunidad para mostrar la fuerza del Estado a través del cumplimiento de la ley.

No se trata de combatir la fuerza bruta del delito con igual receta, sino con inteligencia, mediante las instituciones y en el marco de la legalidad.

Hay que detener tajantemente la ley del armado, del violento, del que cree que a la puerta de su guarida lo espera la impunidad.

El gobierno de Enrique Peña Nieto ha utilizado la concentración de la fuerza del Estado para apagar los incendios del delito, expresado en actos sangrientos y desmedidos.

La seguridad de los habitantes de Iguala debe estar, ya, garantizada. No debe haber una víctima más, y para quienes ya han padecido los agravios debe haber justicia. Justicia clara, expedita, creíble, ejemplar.

Ahora decenas de familias están de luto y en la incertidumbre. Exigen la justicia que merecen, y que todos debemos demandar, por solidaridad, por principio, pero también porque el fuego que se deja a la inercia y al viento suele extenderse y aniquilar todo a su paso.

* * * *
Hoy en Forjadores conoceremos a Amparo Serrano, fundadora de Distroller, la inquieta mujer que con alegría y espontaneidad nos cuenta su historia. Ella, que siempre andaba dibujando, que quiso cantar en Flans y que finalmente encontró su vocación en el trazo creativo, tuvo que superar la percepción de su abuelo, don Manuel Espinosa Yglesias, quien se sintió desilusionado de que su nieta se graduara de licenciada en diseño. “¿De qué haces esta fiesta?”, le preguntó, “¿de dibujitos? “Pues eso no es una carrera”.

Amparo hizo de su carrera, pero especialmente de su vocación, una empresa innovadora del color y de las formas y está alcanzando un lugar entre aquellos que a partir de un sueño, de un talento en marcha, contribuyen a forjar a México. La cita es a las 22:30 horas por el canal 150, el canal de El Financiero Bloomberg TV.