Opinión

Igual de mal

        
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educación

Cuando se discuten los problemas nacionales y su posible solución, la muleta que todos usan es la educación. Se cree que la educación, así nomás, puede resolver prácticamente cualquier problema. Tienen razón, ya que si no definimos claramente a qué nos referimos por educación, en verdad sirve para lo que sea: ética, para enfrentar la corrupción; confianza, para emprender; habilidades, para resolver; y lo que usted guste agregarle.

En la mezcla que hacemos al hablar de educación se hace imposible llegar a algo útil. Si el tema es la instrucción, pues hay que invertir en mejores cursos de español, matemáticas y ciencias. Si lo relevante es la actitud, entonces hay que promover (como lo hace el nuevo modelo educativo) el desarrollo socio-emocional. Pero cargarle al sistema educativo todo eso es un sinsentido. La escuela ocupa unas pocas horas en la vida de los niños y niñas, y no resuelve las deficiencias creadas en todo el tiempo restante: en la casa, en el barrio, frente a la televisión o el celular.

Me parece que lo más importante en el corto plazo, en este tema, es la escasez de personas capaces de dirigir. Las grandes empresas en México no encuentran suficientes personas de alto nivel, y por eso las importan. Lo mismo pasa en el gobierno. No estamos produciendo personas capaces de liderar este país. En el más reciente examen PISA, el porcentaje de niños y niñas de México que pueden ubicarse en lo que la OCDE llama 'excelencia' es el más bajo entre todos los miembros de esa organización, pero también comparando con otros países latinoamericanos que participaron: Perú, Costa Rica, Colombia, Argentina, Brasil y Uruguay. Los niños y niñas que están en ese nivel (módulos 5 y 6 del examen) son quienes después se convertirán en líderes del país, en las ciencias, pero también en las letras, los medios, y sin duda en la política.

En Corea y Japón, más de 20 por ciento de los estudiantes están en el nivel de excelencia (en matemáticas). Hay 23 países con una proporción de entre 10 y 20 por ciento. Por debajo, Israel con 9.0 por ciento, Hungría y Eslovaquia 8.0 por ciento, España 7.0 por ciento. Más abajo, Estados Unidos con 6.0 por ciento, Letonia con 5.0 por ciento, Grecia 4.0 por ciento. En el fondo: Chile y Turquía con un poco más de 1.0 por ciento. ¿México? 0.3 por ciento. De los 2.1 millones de niños y niñas en el sistema educativo que en 2015 tenían 15 años de edad, lograron alcanzar nivel de excelencia en ciencias dos mil 566; en lectura seis mil 742, y en matemáticas siete mil 69. En porcentaje, tenemos en ese nivel a 0.1 por ciento de los niños y niñas, en ciencias; en lectura y matemáticas, 0.3 por ciento.

Pero somos un país profundamente igualitario. México es el país en el que la diferencia en calidad educativa es menor por nivel socioeconómico. De acuerdo con la OCDE, la diferencia es de sólo 19 puntos, mientras que en el resto de América Latina se encuentra entre 25 y 35 puntos. El promedio de la OCDE es de 38 puntos. Esto significa que no importa si un niño está en el colegio privado más caro del país, o una niña está en la primaria pública más alejada en la Sierra Madre del Sur, los dos aprenderán lo mismo: nada. Exagero, claro. Sin duda aprenden lo indispensable para sobrevivir, pero muy pocos tendrán posibilidad de competir globalmente. Entre dos y siete mil jóvenes por año. Y con eso tenemos que cubrir los puestos de dirección en empresas y gobierno, medios y universidades. No alcanza.

El nuevo modelo educativo es una buena idea, y puede funcionar. Pero no nos da tiempo. Hay que hacernos cargo de esto a la brevedad.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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