Opinión

Ignorancia democrática

 
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Brexit

A raíz del Brexit, muchos analistas han cargado la responsabilidad de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea a que los votantes son xenófobos, pobres, viejos e ignorantes. Esto merece un análisis más detenido, pues el tema es interesante. Piensen un poco: la mayoría de las personas en la mayoría de los países del planeta no tiene elevada formación académica; la mayoría de las personas no son, precisamente ricas y el mundo se está volviendo cada vez más viejo, no más joven. Si se traslada lo sucedido en Gran Bretaña al resto del mundo, recemos: estamos diciendo que las personas sin formación, de edad y con cierto nivel de precariedad económica pueden destruir este planeta más rápido que una guerra atómica.

El asunto es más complejo. No es que solo los más pobres, viejos e ignorantes voten por desconocimiento. En realidad, la mayoría de las personas, tengan o no educación universitaria, no tienen mayor interés por los asuntos sociales. Según el especialista en economía de medios, Robert Picard, a la mayoría de los consumidores de medios les interesa, sobre todo y sin duda, su vida inmediata. Su familia, el equipo de fútbol o de béisbol, la serie de TV. Lo cotidiano. No participan mayormente en política, que dejan en mano de los líderes. No tienen mucha cercanía con los eventos sociales más allá de ir al club o la iglesia. La mayor parte de ellos se contenta también con algo de información general sobre los eventos del momento, pero no profundiza demasiado.

Y este no es un retrato solo de la sociedad inglesa que votó Brexit, sino de las sociedades en general. La mayor parte de las personas suele votar sin un conocimiento completo de la complejidad de los asuntos, y eso alcanza incluso a quienes tienen formación universitaria u ocupan cargos importantes en la vida privada o pública.

Lo interesante del caso es que ese enorme grupo de la población ha descubierto que puede organizarse alrededor de temas complejos en muy poco tiempo, en buena medida gracias a que las nuevas tecnologías como los celulares y las nuevas prácticas de relacionamiento, como las redes sociales, facilitan ese contacto. Y han visto que pueden producir cambios inmediatos y significativos con ello.

Los hombres públicos, los partidos e instituciones, deben aprender de estos mensajes. Deben recuperar la relación con los públicos, una relación de corta distancia, no a kilómetros simbólicos desde las oficinas. Pero no solo ellos, sino también las élites intelectuales.

Brexit, por ejemplo, ha llevado a comentarios apresurados. Analistas suponían y algunos todavía suponen que Inglaterra puede colapsar, que la Unión Europea sufrirá horrores y que el mundo tampoco la pasará bien.

Sin embargo, cuando se observan las cifras del comercio europeo-británico, lo que se ve es algo que, racionalmente, puede ser más beneficioso que condenatorio para Londres. Gran Bretaña tiene un enorme déficit comercial con Europa y la salida, asociada a la devaluación de la libra, puede darle márgenes posibles de recomposición de su balanza comercial. Apresurar el análisis por ir detrás del calor de la noticia, también puede ser una muestra de “ignorancia de elección”. Ya pasó y sucederá: casi nadie daba por posible una crisis financiera en 2007, apenas meses antes de que la crisis estallara.

La ignorancia no es privativa de pobres, viejos y xenófobos. También existe entre ricos, académicos y expertos. Es comprensible. La realidad se ha vuelto un juego de terceras y cuartas derivadas.

Tengamos cuidado con la ignorancia. Nadie está exento de cometer errores por ella.

Opine usted:rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter:@JaqueRogozinski

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