Opinión

Ifai: lodazal, desprestigio y final


 
El pleito de vecindad al interior del Instituto Federal de Acceso a la Información (Ifai) en la disputa por la presidencia liquidó la credibilidad del organismo y ahora no queda más que aprovechar la reforma de la ley del Instituto para promover también el relevo de todos los comisionados.
 
La ceremonia de instalación de la presidencia del comisionado Gerardo Laveaga exhibió la lucha por el poder, sólo que no por proyectos o enfoques sino por ambiciones personales. El discurso del comisionado Ángel Trinidad Zaldívar evidenció la pequeñez del debate interno, la argumentación vulgar y sobre todo la ausencia de ideas. Eso sí, destapó la forma de trabajar de los comisionados.
 
Lo que queda es liquidar el viejo Ifai y aprovechar la reforma del Instituto que ya se aprobó en el Senado y pasó a la Cámara de Diputados para una renovación no sólo de facultades sino de comisionados, sobre todo porque la nueva ley le otorgaría independencia absoluta al organismo pero ya con evidencias de que no serviría a la sociedad sino a la mezquindad de sus comisionados.
 
El Instituto fue en 2002 uno de los primeros grandes avances de la alternancia partidista en la reconfiguración del viejo régimen priista: el poder político se abrió a la observación crítica de la ciudadanía. Se trató de la reglamentación en la práctica del derecho a la información que se promulgó, en el contexto de la reforma política que reorganizó el sistema de partidos, el 6 de diciembre de 1977: el derecho de la sociedad a estar informada del funcionamiento del poder gubernamental.
 
El Ifai dio grandes batallas para abrir los secretos del poder. Sin embargo, como ocurrió con el Instituto Federal Electoral, la ambición de los partidos y del propio gobierno por neutralizar los nuevos derechos democráticos dio al traste con la intención de crear instituciones al servicio de los ciudadanos. Los últimos relevos en el Ifai y en el IFE ya no atendieron a los perfiles de calidad y autonomía de los comisionados, sino al reparto de parcelas de poder.
 
El problema no es que se quiera una buena relación entre funcionarios, sino que las disputas no atiendan a egoísmos. Como Trinidad Zaldívar no pudo transitar por el mecanismo de elección para el cargo de comisionado presidente en una votación entre cinco comisionados y una de ellas, la saliente, sin posibilidad de reelegirse por tercera vez, los acuerdos finales no se dieron en función de proyectos de cada uno de los aspirantes sino en función de evitar la llegada de uno de ellos, justamente Trinidad Zaldívar.
 
El asunto se enredó cuando las ambiciones personales de Trinidad Zaldívar desconocieron los mecanismos democráticos -no perfectos pero los únicos existentes- de decidir por 3 votos de 5. Como ocurre en elecciones entre pocos votantes, los intereses guiaron el sentido de las votaciones. Sin embargo, Trinidad Zaldívar reventó la toma de posesión de Laveaga con una argumentación de vecindad, con acusaciones vistosas para el chacoteo pero indignas para un comisionado que funda su credibilidad en la calidad de su figura.
 
El discurso de Trinidad Zaldívar y la revelación de ineficiencia de los demás comisionados terminaron con la credibilidad del Instituto; un comisionado amargado y resentido, otro comisionado dormilón, dos comisionadas truculentas conforman ahora el sistema de toma de decisiones del Ifai para abrir la información pública. La calidad, ética y credibilidad del Instituto fueron convertidas por Trinidad Zaldívar en un lodazal denigrante.
 
La reforma del Ifai que presentó Peña Nieto incluye el fortalecimiento del organismo, la ampliación de facultades, la federalización de la observación y la disminución de espacios cerrados a la libertad de información. Asimismo, incorpora reformas a la organización interna con la ampliación de comisionados de los 5 existentes a 7 y la redefinición de los tiempos de duración en el cargo y del comisionado presidente. El Senado ya aprobó las reformas y las turnó para aprobarse en el próximo periodo ordinario de sesiones de la Cámara de Diputados.
 
Pero en función de la profundidad de las reformas y de la crisis de credibilidad estallada por el comisionado Trinidad Zaldívar, los diputados tienen el espacio, el ambiente y la posibilidad de reformular la organización interna del Instituto y promover un cambio de la totalidad de los comisionados para que los siete nuevos lleguen con una mejor calidad. Las revelaciones de Trinidad Zaldívar evidenciaron la baja productividad de los comisionados, incluido él mismo, porque los funcionarios del Ifai se dedican a la lucha por el poder y no al acceso a la información pública.
 
La reforma de ley incluye a dos comisionados más, pero tendrían que integrarse a un espacio profesional que parece más una vecindad llena de intrigas, delaciones, acusaciones y baja calidad en las relaciones entre los funcionarios. Los dos nuevos comisionados romperían la conformación de grupos de poder dentro del Instituto y tendrían que dedicar más tiempo a cuidarse las espaldas dentro del organismo que a trabajar por la libertad de información.
 
Inclusive, los debates en la Cámara de Diputados para revisar la aprobación en el Senado de la reforma del Ifai tendrán obligadamente que revisar la reciente renovación de la presidencia y desde luego hacer una auditoría sobre la productividad del organismo, porque Trinidad Zaldívar ya reveló la magnitud de los expedientes sin revisar, la forma en que la comisionada Sigrid Arzt Colunga está siendo investigada por inventar solicitadores fantasmas de información y con ello traficar con dictámenes.
 
Si un comisionado acusó públicamente a otro en una sesión solemne de quedarse dormido, entonces los comisionados carecen de la calidad y dignidad para seguir en su puesto. Por ello los diputados deben tomar la decisión de renovar totalmente el Instituto y regresarle su función democratizadora.
 
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