Opinión

Siete ideas a favor del caviar y el champán

 
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champaña

Qué maliciosa fue la difusión de una nota que quiere hacer ver al gobierno como una runfla de rateros que vive a puro lujo. Me refiero a la nota que intentó exhibir a funcionarios de la Secretaría de la Función Pública como unos derrochadores en sus viajes. Aquí hay siete argumentos en sentido contrario al deporte nacional de denostar al vecino (particularmente si el vecino es funcionario público y trabaja bajo las órdenes de EPN).

Primero.
La nota de Reuters está llena de mala leche. En lugar de que esa agencia utilizara su influencia y reputación para darnos a conocer atributos clave de lo que negociaron los funcionarios que viajaron a Hawái o a Londres, se prestó para un trabajo muy sucio, llevándose entre las patas la reputación de personas que trabajan para que todos los mexicanos vivamos mejor.

Segundo. El caviar no es un bien de lujo. Cualquier persona que viva en un país del Caspio lo sabe. Desafortunadamente de pronto surgen los prejuiciosos de la izquierda trasnochada que quieren hacer ver los huevos de pescado como si fueran trufa blanca, pero la verdad es que son huevos que hasta se ponen en el sushi más simplón.

Tercero. Comer en Harrods no es la cosa más exclusiva del universo, ni el lugar más caro para cenar. Al contrario. Se sienta uno en unas sillas periqueras más bien incómodas, y no hay manteles de tela ni copas de cristal finísimas. Esos bares de comida son más bien para el antojo de un ostión. No hay meseros. ¿Dónde está el lujo?

Cuarto. El champán tampoco es un bien de lujo. Esa palabra es el nombre que le pusieron los franceses a su vino espumoso, pero no más que eso. En todos lados donde se produce vino hay espumosos y nadie lo categorizaría como lujoso. En España se llama “cava”. En Querétaro la empresa Freixenet hace uno muy bueno.

Quinto. En todo el mundo desarrollado los viáticos son una cosa de la que nadie se escandaliza. Te dan el dinero que corresponde a tu dieta y tú decides si te lo gastas en los Tacos “El Paisa” o en Le Cirque.

Sexto. El transporte en países como los de la zona euro suele ser muy caro. Un taxi de aeropuerto puede costarte 70 euros o más. Fráncfort no debe ser la excepción, y si el funcionario mexicano justificó con comprobantes que los taxis costaron eso, ¿cuál es el problema? Deberían dejarlo en paz.

Séptimo. La nota de Reuters malogra el cometido de hacer quedar bien al funcionario mexicano que comió sándwiches y refrescos. Dice que regresó mil dólares de viáticos, como si eso fuera heroico; pero quizá este tipo merezca una reprimenda por no comer proteína de buena calidad. Quién sabe qué negoció a favor de México en Washington habiéndose nutrido únicamente con dos pedazos de pan y alguna rebanada de salami.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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