Opinión

Hundimiento

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Contingencia. (www.agu.df.gob.mx)

Usted se habrá enterado de la contingencia ambiental en el DF el día de ayer, que motivó una medida de emergencia, contraria a cualquier lógica, que retiró de circulación a 20 por ciento de los autos privados, sin consideración alguna a su nivel contaminante. Dicen que como es de emergencia, no importa, pero creo que es una muestra más de la incapacidad de previsión. Sería mucho más inteligente retirar al 20 por ciento más contaminante, por ejemplo. Pero no tiene mucho caso discutir eso.

Lo que parece más interesante es notar que el Gobierno de la Ciudad de México tiene como objetivos fundamentales elevar el salario mínimo nacional, modificar el uso del suelo del aeropuerto que se desocupará en una década, y promulgar una Constitución local. Alguien podrá argumentar la importancia estratégica de esos temas, pero en una ciudad como el DF, en donde las vialidades son insuficientes y en pésimas condiciones, en la que no hay en dónde depositar los desechos sólidos (y por eso la fetidez permanente), en donde el transporte público es deplorable a pesar de los aumentos en la tarifa, en una ciudad como ésta, digo, lo del pensamiento estratégico me parece un lujo, por no decir una tontería.

El gobierno tiene tres ámbitos en los que debe actuar: el político, el administrativo y el estratégico. Creo que en ese orden. Primero hay que encontrar espacios de decisión entre los distintos intereses de los grupos, y eso es la política; después hay que cumplir con el funcionamiento de los servicios públicos para evitar problemas mayores; y finalmente hay que plantear iniciativas de largo plazo. Sin un manejo político exitoso, los proyectos se derrumbarán muy rápidamente, como ha ocurrido en la Ciudad de México con el proyecto de la avenida Chapultepec, por ejemplo.

Sin capacidad administrativa, la economía puede desplomarse, como ocurre cuando el tránsito se colapsa entre obras sin planeación, ocurrencias 'ambientales', deterioro por (años de) falta de mantenimiento, y derrota pública frente a manifestaciones de toda índole. Sin idea estratégica, se agrupan todo tipo de temas, sin prioridad alguna, cuyos resultados serán pagados por otros gobiernos. Y digo pagados porque al no existir una idea central, la probabilidad de que cuesten más de lo que producen es muy elevada.

Lo de Miguel Ángel Mancera es una verdadera tragedia. El gobernante que llegó a su puesto con la mayor votación en todo el país, en muchos años, no ha logrado sacar adelante ninguno de sus proyectos, salvo los que dependen del Legislativo. Cosechó el tema de la Constitución, que fue pago al PRD por su apoyo al Pacto por México. Se le pagó cumpliéndole una obsesión que ya no tiene sentido, pero que ahora se convertirá en una tragedia, conforme la incapacidad política ampliamente demostrada por el jefe de Gobierno se refleje en un Constituyente desarticulado, y muy posiblemente agresivo, a la luz de las elecciones de 2018 y las encuestas que ya hoy favorecen a Morena. Promovió y obtuvo un Reglamento de Tránsito que no se está pudiendo aplicar, que seguramente no ayuda ni al tema ambiental ni a la convivencia entre autos, bicicletas y peatones, por su diferente trato a cada uno de ellos.

Ayer fue rebasado por el presidente Peña Nieto en la contingencia ambiental, al tiempo que el Estado de México decidía no aceptar más basura del DF. Distraído en ocurrencias ajenas a su función, incapaz de sacar adelante proyectos, sin capacidad administrativa, Mancera está hundiendo a su partido (del que dice no formar parte). Eso sólo debiera preocuparles a ellos, si no fuese porque eso es lo que explica el crecimiento de Morena en el DF. Porque sí, todo siempre puede ser peor.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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