Opinión

Humanidades y literatura. Once tesis

Para Carolina Depetris

PRIMERA

Las correspondientes a las Humanidades, de antigua o reciente factura, son por esencia ciencias inexactas. Condición que se acendra en su “núcleo duro” : Literatura, Filosofía, Historia. Antes que “Verdad apodíctica”, su lema, su santo y seña, reza: “Comprensión”. Hallazgo de Alfonso Reyes.

SEGUNDA

Las disciplinas humanísticas, todas ellas, operan por aproximaciones, ensayos, tentativas. Conocimiento en marcha, de validación constante, debería entrar en contacto con las ciencias exactas y naturales en sus puntos ciegos: indeterminación, azar, probabilística, antimateria, hoyos negros.

TERCERA

Humanidades y Literatura atraviesan una honda crisis. De lugar social, las primeras; de identidad, las segundas. Dos libros de orientadora consulta, a fe mía, son: Fashionable nonsense de Alan Socal y Jean Bricmont, y French theory de Francois Cusset. Las académicas, comparables a las modas o tendencias de la Alta Costura. Bibliografía mínima a la que, modestia aparte, podría añadirse un puñado de mi autoría. Los ensayos “Antes de la presentación”, “Una especie de extinción”, “Los Dioses repatriados”; y el libro sigloveintearrobalit.mx. Amplio tratado de perspectiva generacional.

CUARTA

En los asedios a las Humanidades se conjuntan lo “duro” y lo “tupido”. Décadas lleva su disminuido “punch”, pese a su explícito propósito social en los campos del pensamiento, la creación artística, la economía, la organización política, el pasado, etcétera. Las desdeñan sin contemplaciones la imperante Ley de Rentabilidad. El ascenso Neoliberal es diametralmente opuesto a su consustancial compromiso. Se le desmantela de los planes y programas de enseñanza; especie de “revival” de la múltiple exclusión que, en I898 --Escuela Nacional Preparatoria-- ,aparejó la Educación Positivista. Exclusión del cultivo grecolatino, de la enseñanza de la literatura, de las doctrinas filosóficas opuestas o ajena al comtismo, de la historia a-científica. O lo que, por científica, se entiende la fuente documental por encima de la pesquisa y la interpretación.

QUINTA

Las Humanidades, además, difícilmente pueden seguir el paso frenético, vertiginoso, de la tecnología cibernética. Su última y clamorosa aplicación, el selfie --Obama, Degeneres, Slim, Collins--, está dejando sin empleo lo mismo al sedentario Artista de la lente que al nómada Paparazzi.

SEXTA

En nuestro país, sin embargo, cuenta –y mucho—una tradición de resistencia. Los principales episodios son: la apertura de la Escuela Nacional de Altos Estudios, de la que nacerá la Facultad de Filosofía y Letras; la nueva Ley Universitaria que, en pleno huertismo cuartelario, iniciativa del Ministro de Instrucción Pública Nemesio García Naranjo, erradicó la Educación Positivista; la colección de clásicos –legendarios “libros verdes”--, impulsada, contra viento y marea, sornas y arrebatos, por el titular de la flamante revolucionaria Secretaría de Educación Pública, José Vasconcelos; la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1945 que, en síntesis y superación de las leyes anteriores –1910, 1914, 1929, 1933--, sancionó, junto a la de la Investigación Científica, la Coordinación de Humanidades. Hoy por hoy disciplinaria y multidisciplinaria.

SÉPTIMA

En el terreno editorial universitario sobresalen, además, entre otras, la Biblioteca del Estudiante Universitario, capítulo local de la Revolución Internacional del Libro de Bolsillo; y, desde luego, la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana. A diferencia de la formidable editorial española Gredos, plenamente bilingüe.

OCTAVA

Pero, en “la tradición de resistencia”, no todo ha sido obra institucional. En 1906, en la Sociedad Civil digamos, nace una revuelta intelectual que se cifrará en el Ateneo de la Juventud y a la que se deberá la crítica temprana al Positivismo, el resurgimiento de las humanidades clásicas y modernas, la abierta enseñanza de la literatura, la nueva plástica mexicana y la ruptura del canon literario dominante. Trofeos de sus dos “discipulados”, los Siete Sabios y los Contemporáneos, serán, respectivamente, la introducción de las ciencias sociales en el ámbito de la Educación Superior y la honda renovación de la poesía y la prosa.

NOVENA

La específica crisis de los Estudios Literarios ha tenido lugar en el interior y en las fronteras. En el interior, juego de pinzas: el abandono de las labores de rescate de textos y de las visiones de conjunto, en aras de casos particulares e inconexos; y la suplantación de la obra creativa por la Crítica y ambas por la Teoría. En las fronteras: cesión sin chistar de la agenda propia a la Filosofía y a la Historia.

DECIMA

¿O no deberían corresponder a los Estudios Literarios tradicionales –cito sólo tres casos paradigmáticos--: el examen retórico sobre las grandes obras históricas del siglo XIX (Hyden White); las meditaciones sobre memoria, tiempo, narratividad (Paul Ricoeur); el análisis sobre Escritura de la Historia (Michel de Certeau)?

ONCEAVA

Sostengo que en la revisión crítica de las Humanidades ocuparía señalado aporte el intencional encuentro entre Literatura, Filosofía e Historia. Y la criba de lo rescatable, a puñados, de la “jerga” de Levi-Straus, Marcuse, Barthes, Akthuser, Foucault, Baudrillard, Deleuze, Kristeva, Derrida y demás. Apremiantes tareas con vistas a las pendientes historias –la más reciente data de 1928—de las patrias letras. Asignatura pendiente, si no es que reprobada. Manera de expresar gratitud, pero combativa, a nuestros pioneros. Altamirano, Sierra, Reyes, González Peña, Jiménez Rueda, Martínez y los que –involuntariamente—se me escapen,