Opinión

Huir

   
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Vale Villa Huir

¿De qué huye? le preguntó el terapeuta sin que lo esperara. Tendría que haberla visto venir porque minutos antes dijo que era huidizo en todas sus relaciones: Con su familia guarda una distancia tan grande que parece querer resguardarse de algo. A sus amigos los va dejando olvidados en el camino porque se aburre de ellos, porque cuando están en crisis siente que se le viene encima un problema por tener que escucharlos rumiar sus dificultades. A todo mundo le pasa, lo sabe; ser buen amigo es estar presente, sí que lo sabe, pero no siente empatía ni nada y entonces hace como que escucha, mientras piensa en otras cosas. A veces le dan ganas de buscarlos para platicar, pero después su vida se le complica en la cabeza y le dice a todos que no puede verlos. Claro que después de mucho tiempo de ser así, ya casi nadie lo busca. Pocos tienen la vocación para insistir y esperar el momento mágico en el que tenga ganas de salir a tomar un trago o un café.

También describe su vida amorosa como llena de inestabilidad. Tiene una capacidad torrencial para enamorarse pero no puede amar, confiesa. Su habitual desencanto e indiferencia por todo se detiene cuando aparece una nueva mujer que percibe como resplandeciente, maravillosa, perfecta. Es la posibilidad de la luz, del amor y de alejar la soledad, porque en el fondo y a pesar de lo que puede parecer, vive atormentado con la idea de terminar su vida sin importarle a nadie. Solo que la exaltación que experimenta gracias al estado alterado del deseo o de la idealización, siempre tiene fecha de caducidad. Su objeto del deseo preferido siempre es lo inalcanzable.

¿Qué es lo que no le gusta de estar cerca de los otros? Se le vienen a la mente varias respuestas. No le gustan los defectos ni la dimensión decepcionante de la realidad. Tiene algo de narcisismo infantil su forma de relacionarse con el mundo, en polaridades de “todo o nada”. Pasa de estar muy ilusionado a decepcionarse en grado de escándalo. No le gusta la realidad llena de contradicciones, de situaciones incontrolables, de frustración de los deseos. No le gusta hacer las mismas cosas durante mucho tiempo porque se muere de hastío. Pero tampoco le gusta estar cerca de los otros porque si le preguntan qué piensa de sí mismo no sabe que responder. Dependiendo de su estado de ánimo, del día de la semana, de la fase lunar, puede contestar que es un tiro de tipo: divertido, inteligente, creativo, de conversación inagotable, buena persona. Pero también puede responder que es brutalmente depresivo, con tendencias tan intensas a la oscuridad, que quizá por eso la rechaza tanto en el afuera. En un mal día piensa que es aburrido, rutinario, capaz de pasarse tirado en cama días enteros, atormentándose con la idea de salir a hacer cosas, de visitar museos, de dar un paseo en bicicleta, de conocer lugares nuevos, solo para enfrentarse con que se le van los días sin salir de la casa, porque en la calle hay gente.

¿Ha sentido como si usted estuviera hueco por dentro? En ese momento de la sesión rompe a llorar y dice que sí, entre asustado y aliviado porque el terapeuta tuvo la valentía de preguntárselo, porque él era incapaz de decir que muchas veces se siente vacío, que llena su mundo de personas que después desecha, que se ilusiona con cualquier novedad para luego desencantarse, que vive permanentemente insatisfecho.

Termina la sesión, sale a la calle rumbo a su casa y mientras camina, llora.

¿Qué hará con ese agujero que le atraviesa el corazón, por el que se escapan todos sus afectos y su capacidad para vincularse de manera profunda y estable? No tiene la menor idea, pero ya contárselo a alguien, llorarlo frente a alguien, le da un poco de consuelo.


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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