Opinión

'Houdini' Guzmán Loera

 
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(AP)

Quien ha sido considerado el más peligroso narcotraficante del planeta, hoy puede también equipararse al más famoso escapista, el legendario Harry Houdini, al haber conseguido, en tiempo récord, una segunda fuga de un penal mexicano de máxima seguridad.

Vergonzoso, ridículo e indignante son algunos de los calificativos que el tema merece, no sólo por la fuga en sí misma, sino por las versiones que la Comisión Nacional de Seguridad ha empezado a difundir.

Es una vergüenza porque deja expuestas, ante propios y extraños, las deficiencias institucionales para, en principio, prevenir; segundo, contener; y tercero, sancionar eficazmente el crimen, sea por incapacidad o connivencia.

Resulta ridículo que tratándose de una instalación penitenciaria destinada a alojar delincuentes de alta peligrosidad puedan irse en un carrito de lavandería o por el clásico túnel sin que nadie se percate. Quien tenga la más remota idea de lo que significa máxima seguridad podrá imaginar que un reclusorio de esas características cuenta con una infraestructura física diseñada para evitar intrusiones subterráneas y aéreas. Se entiende asimismo que los protocolos y sistemas están formulados de tal manera que permitan la observación permanente e ininterrumpida de los internos y se impide que deambulen fuera de sus espacios de confinamiento sin el resguardo de sus custodios, incluso para asearse.

Es indignante el manifiesto fortalecimiento del crimen y la constante horadación del frágil Estado de derecho en nuestro país, de lo que dan cuenta tanto la liberación y la fuga de famosos delincuentes, como hechos recientes de confrontación abierta a fuerzas militares y navales por grupos criminales fuertemente armados, pese a que el discurso oficial señale la reducción de los índices de criminalidad.

Las fugas de El Chapo Houdini no se conciben sin la lógica de la complicidad, de la endémica corrupción de autoridades relevantes. Resultaría cándido y absurdo creer en las versiones del carrito de lavandería o pensar que esta segunda huida se produjo sólo con la colaboración de los custodios y que nadie se percató de la obra que se realizó para tal fin.

Por el contrario, la dinámica de violencia atribuida a las bandas delictivas sí se comprende en un contexto de corrupción e impunidad, que les brinda el ambiente propicio para su expansión con una amplia libertad de acción que se antoja incontenible.

Recientemente se dio a conocer que en agosto de 2012 fue detenido en Zapopan Nemesio Oseguera (a) El Mencho, líder del violento Cártel Jalisco Nueva Generación y que había sido liberado por la intervención del entonces gobernador Emilio González Márquez. Aunque la Secretaría de Marina ha negado su participación en la captura, no se desmiente el hecho mismo ni su inmediata liberación por mediación del Ejecutivo estatal. También es pública la relación de Servando Gómez Martínez (a) La Tuta con funcionarios gubernamentales michoacanos. En agosto de 2013, otro peligroso narcotraficante que protagonizó uno de los episodios más dramáticos en la relación de México con Estados Unidos, Rafael Caro Quintero, súbitamente fue dejado en libertad, aunque posteriormente se ordenó su recaptura. Así se explica la escalada delictiva, siempre que se cuente con la protección o contubernio de alguna autoridad.

La nueva fuga del Houdini mexicano sugiere la recomposición del mapa delictivo en el futuro inmediato. Quizá sea el momento de pensar, en consecuencia, en el rediseño de la estrategia para su tratamiento, empezando por casa.

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