Opinión

Hora de regresar

 
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Buque escuela. (Cuartoscuro)

La visita de Estado del presidente de México a Francia forma parte de una larga estrategia tejida y bordada desde la Cancillería para reconstruir nuestras relaciones con el gobierno galo. Recordemos que en la administración pasada el expediente Florence Cassez y las insistentes presiones del entonces presidente Sarkozy dañaron, enfriaron y distanciaron las relaciones como nunca antes –tal vez desde la ocupación del siglo XIX.

Por ello la presencia del presidente Peña era esencial, el grado de honores, de distinción al ser invitado a la fiesta nacional, el desfile de cadetes mexicanos como parte de la parada militar francesa, representaron en su conjunto un mensaje de amistad, de reconocimiento, de relanzamiento de las relaciones.

Hizo bien el presidente al no regresar al país de forma inmediata, para atender a las celebraciones conmemorativas. Podría haber resultado un enorme desdén e insulto que el invitado de honor se disculpara por crisis local. Sin embargo, ha sucedido en múltiples ocasiones en la historia; no recuerdo una sola cumbre internacional donde un jefe de Estado no haya cancelado su viaje a última hora por atender una crisis ambiental, política, social o de seguridad.

Peña aguantó, asistió, recibió los honores y cumplió con su función de representar a México en el extranjero. Hasta ahí muy bien, a pesar de las críticas y señalamientos por el tamaño de la comitiva. Momento anticlimático el estar frente a las cámaras del mundo entero en un ambiente festivo y conmemorativo, cuando la situación en México alcanza niveles de encabezado y primeras planas en prácticamente todo el mundo.

Anoche en París, al terminar la cena de Estado, el presidente debió haberse disculpado y regresado a México para atender la grave crisis de seguridad carcelaria, pero sobre todo, la grave crisis de credibilidad de la ciudadanía en torno a su administración. Esta mañana aparecer en México, citar al gabinete de seguridad, anunciar medidas, retomar las riendas, hubiera sido un gesto apreciado por la ciudadanía, valorado por muchos mexicanos quienes esperan respuestas, demandan razones y exigen el cumplimiento de responsabilidades.

No sólo hemos recorrido las páginas de la vergüenza y la humillación en las planas internacionales los últimos tres días, ahora incluso un video asiático hace mofa de los servicios y las facilidades de que gozaba el célebre capo al interior del penal. The Wall Street Journal describe al presidente Peña más como una distante y desentendida “estrella de rock” que como un jefe de Estado; el Wilson Center en Washington afirma que los cambios son urgentes para recomponer a un maltrecho equipo de gobierno.

Ya pasaron las fiestas en Francia, ya se cumplieron los compromisos fundamentales, los importantes, regresar hasta el viernes acusa insensibilidad hacia una ciudadanía ofendida, agraviada, burlada una y otra vez.

Alguien tiene que llamar a cuentas a los responsables, al gabinete completo de seguridad y exigir resultados precisos por las omisiones, las torpezas evidentes a los ojos del país, pero también por los posibles –casi seguros– actos de corrupción en torno al penal y sus autoridades para facilitar la fuga, por no hacer su trabajo de vigilancia, de supervisión, de estrecha observancia de un reglamento que parece burlado una y mil veces.

Se acabó el tiempo de la gira –importante, destacada–, se acabó el viaje, la visita manchada ahora y ensombrecida por el escape y la exhibición más primaria de un aparato de seguridad que no hace su trabajo.

Aún quedan horas, pocas, para adelantar el regreso y para tomar las riendas de la investigación. Sin discursos, ni promesas, ni piezas de oratoria engolada que, permítanme sugerir, no responden ni disminuyen el enojo y la tensión; hacen falta medidas, despidos, detenciones, revisión de estructuras y aparatos, renovación de mandos y de penales.

En México se han fugado más de mil reos en los últimos seis años, un dato aplastante que exhibe burdamente la deficiencia de los centros penitenciarios. El escándalo que vivimos responde a la celebridad y peligrosidad del reo, pero los sistemas son absolutamente incapaces de conservar niveles medianamente profesionales en cárceles y prisiones.

Un dato adicional, un acicate final: la Ronda Uno resultó más fallida que exitosa. Sin importar las expectativas, la respuesta de los inversores internacionales fue pobre y de bajo interés.

Es impostergable la toma de decisiones, asumir las responsabilidades y corregir los errores.

Twitter: @LKourchenko

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