Opinión

Honor con humor se paga

 
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Columna.

La lectora y el lector lo han leído en esta página del Fondo. La periodista Sanjuana Martínez deberá pagar una indemnización a Jesús Ortega por daño moral a su prestigio y carrera provocado por dos artículos que Martínez publicó en 2013 en el portal de noticias Sin Embargo. El juez Sexagésimo Noveno de lo Civil así lo decidió.

Según entiende Gil, el 25 de noviembre y el 2 de diciembre de 2013 Sanjuana Martínez publicó en Sin embargo los artículos “Consumidores de sexo comercial” e “Infierno en el Cadillac: sexo, poder y lágrimas”. En estos artículos la autora se refiere a Jesús Ortega como consumidor frecuente y asiduo de sexoservidoras.

La periodista Sanjuana Martínez ha escrito un artículo en Sin Embargo en defensa de sus textos y en contra del fallo: “En este procedimiento, el señor Jesús Ortega no tiene la última palabra. Vamos a luchar. No podemos permitir que se siente este precedente. Nos afecta a todos.

Con el ‘triunfo’ del señor Ortega queda un peligroso e inaceptable precedente para la libertad de expresión. La batalla acaba de empezar y es por todos”. A Gil se le puso la gallina de carne, o como se diga: una batalla que inicia, por todos nosotros, la libertad de expresión en peligro. Gamés siente como que algo terrible ha empezado. Show time folks. ¡Ay, nanis!

A LOS SEIS AÑOS
Sanjuana Martínez presenta sus credenciales en el artículo de marras y recuerda: “Mi madre dice que quise ser periodista desde los 6 años de edad. ‘A esa edad empezaste a entrevistar a cada persona que llegaba a la casa’. Ante ese destino manifiesto, antes de entrar a la universidad, le pregunté por qué la vocación se me echó encima, tan definidamente, tan pronto. Me miró obviando la respuesta: ‘Porque tienes una curiosidad infinita y porque te gusta ayudar a la gente’. Mi padre, un hombre que vivió indignado por la cobertura oficiosa de la matanza de Tlatelolco y el asesinato de Manuel Buendía, sembró la duda: ‘Mejor estudia otra cosa, hijita, en México a los buenos periodistas se los chingan’”.

La frente perlada de Gilga le ocasionó un mareo y un recuerdo: cuando apenas era un Gamesito su mamá le mecía en la cuna, en los campos de algodón. Ya en serio, a Gil también se le echó encima la vocación y casi lo aplasta. La madre de Gil le decía: “desde los cuatro años escribías pequeñas gacetillas y todos en casa supimos que serías un gacetillero adulto en toda la forma. A todas las visitas les decías grosería y media y bueno, a veces, te llevabas a tu cuarto zapes y sopes en la cabeza. Pero nada de eso te impidió convertirte en el gacetillero que eres, eso que ni qué y lo que sea de cada quién”.

Así las casas (muletilla pagada por Grupo Higa) Martínez se integró a la revista Proceso: “Para entonces leía y coleccionaba, cada semana, la revista Proceso. La escritura llegó muy pronto a mi vida y se quedó, incluso hay poemas, novelas y cuentos por ahí guardados”. Gilga reparó como un caballo viejo: no los guarde Sanjuana, vamos, muéstrelos al mundo. Ande, por Dios de bondad.

EL FÉTIDO ALIENTO
En la breve presentación de su vida profesional, Sanjuana Martínez escribe: “El acoso de los poderosos no ha cesado. Conozco el fétido aliento de la podredumbre del sistema ya agotado, he sentido el miedo, el desasosiego por la seguridad de los que amo. Pero esta es mi opción de vida y con mi familia hemos aprendido a vivir así, pensando que es el precio que tenemos que pagar porque queremos un cambio para México, creyendo firmemente que nuestro país merece una clase política guiada por el compromiso de servir, la decencia, el honor”.

Gil no sabe qué pensar. Para empezar no quiere pagar ningún precio, con el perdón de los héroes de la patria; luego, Gamés no desea el desasosiego de aquellos a los que ama, nomás faltaba; y, tres, quizá el mejor lugar para la periodista Martínez sea un partido político y no la redacción de un periódico. Todo es flamable en la prosa de Sanjuana, una chispa y volamos en pedazos.

Ahora mal sin bien: ¿y si los dichos de Sanjuana Martínez en los artículos “Consumidores de sexo comercial” e “Infierno en el Cadillac” no estuvieran sustentados en una investigación firme? Ah, ni modo: daños colaterales de la libertad de expresión. Sanjuana Martínez afirma que “las víctimas (de trata de blancas) denunciaron que políticos y funcionarios públicos eran asiduos visitantes del table dance Cadillac, en el que no sólo las obligaban a todos los caprichos sexuales imaginables, sino que las tatuaban, las golpeaban, las mutilaban e incluso había testimonios de asesinatos. Una de ellas identificaba como cliente a Jesús Ortega”.

Todos los caprichos sexuales imaginables. Ya salió el peine, se sabe de sexoservidoras que llevan el tatuaje del Partido de la Revolución Democrática en su cuerpo. Eso sí está muy caón, cavila Gilga. De las mutilaciones y los asesinatos, mejor ni hablar.

La máxima de Tomás Eloy Martínez espetó en el ático de las frases célebres: La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificación de datos, la interrogación constante.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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