Opinión

¿Homo Deus?: El Transhumanismo

 
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AI

Por Víctor Manuel Pérez Valera*

El transhumanismo se propone utilizar las nuevas tecnologías, para modificar el genoma humano y acoplar el cerebro con las computadoras, transformando las células por materiales más sólidos de escala milimétrica (nanométrica), a fin de trascender lo humano y llegar a lo posthumano. La mayoría de los transhumanistas se inspiran en el monismo naturalista, que explota la fuerza constante de la evolución que podría llegar más allá de lo humano. El transhumanismo toma distancia de la religión y de la metafísica. Entre las asociaciones transhumanistas podemos citar la WTA: World Transhumanist Association y la AFT: Association Franҫaise du Transhumanisme.

Podemos enumerar, en esta línea, la teoría de los tres puentes elaborada por R. Kurzweil y T. Grossmann, que establece tres etapas: la biología genética, la inteligencia artificial, y la inmortalidad. También destaca la teoría de los tres súper de David Pearce que propone la super-longevidad, la super-inteligencia, el super-bienestar (acabar con el sufrimiento). (cfr. Dijon
Los que defienden el transhumanismo opinan que los graves problemas de nuestro mundo sólo pueden ser resueltos por la ciencia y por la técnica. En ellas reside una nueva y esperanzadora ilusión mesiánica, que salvará al hombre y a su mundo. Es cierto que las potencialidades de la ciencia y de la técnica son enormes, pero si no están orientadas por la ética, podrían propiciar situaciones graves de manipulación, alienación y hasta degeneración del ser humano. Henri Bergson afirmaba que la humanidad puede ser aplastada por su propio “progreso”.

Como fundamento de esta ideología, está la “religión de datos” o dataísmo, que concibe al mundo como un flujo de datos, cuyo valor está determinado por las mismas leyes matemáticas que se aplican a los algoritmos bioquímicos y a los electrónicos, y se espera que éstos puedan descifrar los algoritmos bioquímicos y los superen. Un algoritmo es un método que se puede emplear para hacer cálculos, resolver problemas y tomar decisiones. Los seres humanos son considerados por los biólogos transhumanistas como un complejo algorítmico. Esto puede considerarse una idea excéntrica o extravagante, pero al parecer ha atraído a algunos de las altas esferas científicas. Así, algunos economistas conciben cada vez más su especialidad, como un sistema de procesamiento de datos en torno a los deseos y capacidades del ser humano, y de los cuales se podría llegar a tomar decisiones. (cfr. Harari Yuval Noah, Homo Deus, Breve historia del mañana.)

Padecemos la epidemia del dato, no todo puede reducirse a datos estadísticos y mucho menos, lo más sublime y lo más profundo del ser humano. Surgen, por consiguiente, varias interrogantes, la medicina del futuro probablemente logre detener la vida, mantenerla en suspenso a base de temperaturas bajas (criogenia), hasta que surjan nuevos avances en la medicina. Ahora bien, ¿se detendrá el envejecimiento? ¿se podrían dar graves efectos negativos? En cuanto a la amortalidad en esta tierra, recordemos la notable obra de Simone de Beauvoir, Todos los hombres son mortales, en donde se describe que es muy negativo tener una vida indefinida en este mundo.

Para poder juzgar críticamente la así llamada “inteligencia artificial”, conviene aludir a la teoría moderna del conocimiento (B. Lonergan). En ella, los datos son el primer escalón de los cuatro niveles de conciencia. Los datos no son verdadero conocimiento, es necesario elaborar diversas hipótesis para entender los datos (segundo nivel). En el tercer nivel, discernir cuál de las hipótesis es la correcta, eso nos lleva al juicio, en donde se da el verdadero conocimiento. Finalmente, en el cuarto nivel se llega a la apreciación del valor de los datos a través de la deliberación, la evaluación, la decisión sabia y la acción responsable.
En esta línea, Wittgenstein ha declarado que, aunque se respondiera a todas las interrogantes científicas, los problemas humanos vitales y decisivos apenas serían tocados superficialmente. Asimismo, para la escuela de Frankfurt, estas ideologías podrían resultar peligrosas para la humanidad.

El mal no es sólo una amenaza, sino también un desafío. Asumir en serio la libertad y la responsabilidad humana en la vida presente, cobra su verdadera dimensión a la luz del mundo futuro.

*El autor es Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

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