Opinión

Histórica Legislatura

Hoy inicia el tercer año de la LXII Legislatura. Es el año en el que los diputados empiezan a buscar seriamente un nuevo empleo, porque el suyo termina pronto, y también empieza ya la lucha por reemplazarlos. Los senadores tendrán otros tres años más.

Esta Legislatura es en verdad histórica. Por primera vez desde que en 1997 terminó la época del partido hegemónico, la Cámara de Diputados fue un espacio de acuerdo mucho más que de disputa. No había ocurrido que tuviésemos una Legislatura tan tranquila desde entonces. En eso, sin duda, Manlio Fabio Beltrones ha sido determinante.

También por primera vez una persona ha sido presidente de la Cámara de Senadores y de Diputados. José González Morfín, que entrega el puesto, ha tenido ese honor. Y para que no falten primeras ocasiones, hoy tenemos al PRD presidiendo ambas cámaras del Congreso de forma simultánea. Nunca antes.

Pero más importante que esos detalles, la Legislatura que entra en su tercio final ha cerrado el proceso de transformación que inició desde 1986, cuando México reconoce que el camino en el que iba era un fracaso y empiezan ajustes que después se convertirán en procesos muy complicados. En verano de ese año entramos al GATT, y al cierre de 1986 se configuró el mapa político que hoy tenemos: la invasión de los “Bárbaros del Norte” en el PAN, el cambio de élite en el PRI, y la consiguiente salida de la Corriente Democratizadora de ese partido, que poco después sería el núcleo del PRD. La siguiente elección, en 1988, hizo evidentes esos procesos para las mayorías, y la ruptura de las élites se convirtió en un asunto público.

Carlos Salinas logró impulsar cambios muy profundos (el TLCAN, que hoy suena muy normal, fue algo inusitado), pero tratando de mantener el control político absoluto. Acabó su sexenio en una tragedia, que aceleró (o tal vez causó) una grave crisis financiera hace casi 20 años. De esa crisis vino el rechazo al PRI que permitió, por primera vez, un Congreso autónomo. La única reforma que Zedillo logró impulsar antes de esa crisis fue la renovación del Poder Judicial, que se combinó en 97 con ese Congreso independiente para acabar con el régimen de la Revolución.

Gracias a eso pudo competirse seriamente por la presidencia, y el excelente candidato del PAN, Vicente Fox, logró, como decía, “sacar al PRI de Los Pinos”. No tuvo el mismo éxito como presidente, y en la elección de 2006 el resultado fue muy cerrado. Eso, y el carácter del derrotado, originaron algunos de los peores momentos de este proceso. No hubo, desde 1997 hasta 2012, forma de continuar seriamente el proceso de cambio que se había interrumpido.

Pero esta Legislatura, al amparo del Pacto por México, logró lo inimaginable. A lo ocurrido en esos 15 años le llamaron la “generación del no”, o la “generación del fracaso”. Ahora que la avalancha de reformas indica lo contrario, la queja es que todo es confuso, que no se resuelven todos los problemas nacionales, o lo que sea. No aquilatamos lo que esto ha significado.

Ahora viene algo totalmente diferente. Este año será de competencia electoral, pero también de implementación de cambios. Peña Nieto podrá finalmente tomar el liderazgo. No sé qué vaya a ocurrir, pero lo que ha pasado merece el calificativo de histórico, aunque quieran escatimárselo.

Twitter: @macariomx