Opinión

Historias nacionales

27 enero 2017 5:0
 
1
 

 

ME Salinas (Especial)

Uno. Aunque irrite a muchos globofílicos, suena la hora de los recuentos históricos que se centran en Naciones con pelos y señales: su soberanía, su territorio, su población, su común patrimonio simbólico.

Naciones o conjuntos de Naciones. En el siglo XX, el fenómeno empezó en el campo bélico: el Eje Berlín-Roma-Tokio, el Frente Aliado.

Dos. Si de Naciones en particular se trata, lo que está en juego es de orden total, el presente, el pasado y el futuro, el lugar en la tierra, mitos y leyendas, efemérides patrias. Si de conjuntos de Naciones hablamos, materia de acuerdos, alianzas y pactos, el objetivo puede ir de meras cadenas de producción y consumo, pasando por sistemas de defensa, a la integración cultural.

Tres. Ejemplo señero de Nación particular es México. De conjuntos de Naciones, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la Comunidad Europea. Los tres aproados, como el Titanic en 1912, al Iceberg que hará trizas sus líneas de flotación.

Cuatro. Por más que algunos colegas intelectuales, sus candorosos promotores sobre todo, lo lamenten a moco tendido, tracen la raya del desencanto (no falta quien hable de asco) o entonen réquiems, una de las causas del naufragio mexicano es la pifia, farsa, de su sistema de representación política.

Cinco. Si todo cartel se orienta a la obtención ilícita de riqueza (y poder y signo sociales), quizá entre los carteles debamos incluir a los partidos políticos. Con la diferencia de que el narco, los tratantes de blancas, los talamontes, etcétera, atañen a iniciativas privadas (con sus riesgos empresariales) y su ratio es la violencia carnicera. Mientras la política partidaria acude por excepción a la violencia y su ratio es la demagogia.

Seis. En cuanto al tratado comercial del norte, su principal disolvente es Donald Trump, ya asentado en la Casa Blanca (que podría llamarse la Casa Dorada por el color obsesivo de su re-decoración). Para la Comunidad Europea, el resurgimiento del combustible que hizo arder dos guerras mundiales (el Papa Francisco ya reconoce la tercera, aunque “en trocitos”): el nacionalismo autista, narcisista, de vena fascista.

Siete. Momentos de perplejidad, impotencia y peligro los que vivimos en México, en Estados Unidos, en Europa. Entre tanta oscuridad, me permito sugerir luces nacidas en algunos autores y libros.

Ocho. Francisco Bulnes, Luis Cabrera y Daniel Cosío Villegas (listado enunciativo) para México. Para la Comunidad Europea, Tony Judt, autor del libro Posguerra que sigue las secuelas de la derrota del Eje, el reparto territorial del botín aliado, el caso (para variar) alemán, la Cortina de Hierro, las guerras coloniales, el euro-comunismo, las guerras coloniales, Berlín, el posMuro.

Nueve. ¿Y para América del Norte, México, Estados Unidos, Canadá? Me temo que los mamotretos escritos por Carlos Salinas de Gortari, principal impulsor del tratado al que Trump ha declarado enemigo. No se llame usted a escándalo.

Diez. Salinas se contó entre los selectos dolientes (y cronistas) del homenaje luctuoso que Barcelona rindió a Carmen Balcells, matrona de las letras latinoamericanas, artífice de la fama universal de “Gabo” García Márquez. El ex-presidente mexicano en el establo de la más poderosa agente literaria de que tengamos noticia. La crónica del acongojado don Carlos se llamó, ¡ay!, “El brillo de sus ojos: Memorial de Carmen Balcells”. Si esto no es internacionalización ignoro qué diablos lo es.

También te puede interesar:

Querétaro, 1917

Graham Greene, habanero

(Neo) Guerra Fría