Opinión

Historias del Brexit

    
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Brexit (Shutterstock)

El anuncio formal emitido por el gobierno británico en vos de la primera ministra Theresa May la semana pasada, mediante el cual el Reino Unido comunicó oficialmente a la Unión Europea su intención de separarse, corona finalmente un proceso largamente esperado desde el referéndum celebrado el verano pasado. Fueron necesarios casi nueve meses para construir el memorando final de inicio de las negociaciones. Y se tomaron tanto tiempo porque los términos no son sencillos: obtener o resguardar la mayor parte de beneficios posibles, a cambio del menor tipo de concesiones. El argumento utilizado por el gobierno británico, hay que decirlo, cayó como balde de agua fría a sus colegas de la Unión: venderles seguridad y coordinación de inteligencia militar y antiterrorista, a cambio de beneficios no contemplados para un 'no miembro' de la alianza.

Ya tendrán Alemania y Francia –que por cierto reaccionaron de muy mal modo al anuncio y tono de Theresa May– entre todos los demás, que determinar a qué están dispuestos, qué cederán y que rechazarán como mensaje inequívoco a quienes quieran seguir la pendiente británica.

Y es, ciertamente, una pendiente. La mejor carta a los demás países miembros para no seguir el camino del Reino Unido serán las consecuencias al interior de su propio país.

Aquí algunas historias que nos llegan desde Londres:

1. Consecuencias reales, inmediatas y palpables. Todos los británicos se convirtieron de golpe en ciudadanos más pobres frente a Europa. La libra esterlina ha perdido alrededor de 20 por ciento de su valor frente al euro. Los últimos nueve meses la libra ha sido la moneda más debilitada de los miembros de la OCDE, incluido México según los expertos en La City.

2. Pero incluso para los británicos que no viajan, los precios se han elevado en promedio de 20 a 25 por ciento. En supermercados como Tesco, los precios no han subido pero las bolsas de vegetales o de arroz y otros productos han reducido su tamaño, en aproximadamente el mismo 25 por ciento.

3. Corre la broma entre la sociedad londinenses que de hecho el Brexit ayudará a combatir la creciente epidemia de obesidad que golpea al Reino Unido.

4. El 75 por ciento de la población adulta o considerada adultos mayores votó a favor del Brexit. Curiosamente será el segmento social más golpeado por el retiro de la Unión, porque muchos programas sociales, de apoyos, retiros, seguros y coberturas médicas se irán reduciendo durante 2017.

5. Existe de facto una profunda división generacional. Los mayores, abuelos y padres, votaron a favor de salir de la Unión, mientras que la población joven de 18 a 35 años votó abrumadoramente por permanecer. Esto ha generado conflictos familiares: existen hoy programas de radio pública que atiende a familias separadas por el Brexit: hijos que no hablan con sus padres y que rechazan a sus abuelos bajo el argumento del “¿Qué hicieron? Mataron nuestro futuro”. Hay hermanos, padres, hijas que han roto comunicación por completo. Existen sitios y muros en Facebook que relatan las rupturas como parte de un cambio social.

6. A esto se suma la división regional, eterna y siempre presente en Gran Bretaña. La Inglaterra urbana del gran Londres y las grandes ciudades versus la Inglaterra rural. O la división constitucional entre Escocia e Inglaterra que ahora se agrava por los firmes y muy consistentes pasos a un nuevo referéndum para la desintegración del Reino Unido. Por un lado, una Escocia europea, global, independiente y autónoma. Por el otro, una eventual alianza –los restos del Reino– entre Gales e Inglaterra puesto que Irlanda del Norte muy probablemente seguirá los pasos de Escocia. Por si faltaran elementos, sume usted a esto la materia electoral vital que ha hecho grandes a los populistas (Farage, Boris Johnson, etcétera): la división entre la Britania educada, universitaria, intelectual y el país del obrero, el campesino, el trabajador.

7. Buena parte de la culpa la deberán cargar, para la historia, los tabloides sensacionalistas ingleses: The Sun, The Daily Mail, The Express, desde cuyas populares páginas afuera de las estaciones del Metro (The Tube) avivaron sin mesura o rigor periodístico ninguno la atmósfera del Brexit. A pesar del periodismo serio en The Guardian, The Financial Times, The Economist, el clima antieruopeo fustigado desde los tabloides jugó un papel crucial en los destinos de la isla. Compare usted el millón combinado de ejemplares de los últimos, frente a los seis millones de ejemplares de circulación diaria de forma combinada de los primeros. Difícil competencia.

8. Cualquier debate sostenido con los llamados brexiters (simpatizantes de la separación) se derrumba en argucias nacionalistas sin sustento: el independentismo barato de Farage, que ojalá y viva muchos años para ver el derrumbe, carece de solidez frente a los datos de la moneda, el crecimiento y la inversión.

9. Sin duda –afirman los analistas– Gran Bretaña seguirá siendo un país próspero en tres o cinco años, pero sin duda será más pobre económica, cultural, política y hasta gastronómicamente.

El Reino Unido dejará la Unión Europea para principios de 2019, y aunque sus defensores afirman que valdrá la pena el sacrificio, los indicadores apuntan hacia un país dividido, deprimido, con curvas negativas de crecimiento, ahorro, inversión, infraestructura.

Las lecciones del populismo nacionalista impactarán con tal gravedad al Reino Unido, que en dos años tal vez no exista Reino Unido alguno, sino The remains of the realm.

Twitter: @LKourchenko

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