Opinión

Hipernacionalismo en conflicto

10 febrero 2014 4:52 Última actualización 19 agosto 2013 5:40

 
Gerardo René Herrera Huízar
“Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.
 
El Niño Dios te escrituró un establo
Y los veneros del petróleo el diablo.”
 
Ramón López Velarde
 
 

El ensueño soberanista y patriótico construido esmeradamente por el partido que surgió de la Revolución y fue sustento ideológico del México del Siglo XX, se ve confrontado hoy con su propio pasado a causa de la reforma constitucional planteada por el ejecutivo en materia energética.
 
 
No podía esperarse menos que la inmediata radicalización de posturas opuestas, por tratarse de un tema intensamente explotado como baluarte del nacionalismo mexicano. La expropiación petrolera de 1938, no fue sólo un episodio de nuestra evolución histórica como país que formara parte de los libros de texto en la escuela primaria, no, nos fue inyectada en la sangre como ejemplo vívido de la grandeza nacional y de los triunfos revolucionarios.
 
 
El discurso oficial de nuestra soberanía se construyó en derredor de la valentía patriótica de Lázaro Cárdenas al arrebatar de las 'voraces y explotadoras manos extranjeras' uno de los más preciados recursos en beneficio de todos los mexicanos.
 
 
No extraña que el debate que ya se ofrece sobre la reforma gire en torno a la ideología cardenista. Tanto la promoción oficial, como la oposición de izquierda --a la sazón del mismo origen-- centran su argumentación en las ideas del prócer revolucionario, en el hipernacionalismo genético que corre por la sangre de la sociedad mexicana en función de la propiedad absoluta de sus preciados recursos naturales.
 
 

Hasta el momento, la discusión no ofrece, de una u otra parte, mayores elementos cuantitativos formales que permitan a la opinión pública apreciar las ventajas y vulnerabilidades de la propuesta. Los promotores aluden a nacionalismos trasnochados y posturas retrógradas de los opositores, a la par que ofrecen en su discurso los grandes beneficios que se lograrán, como el menor costo de la luz. La oposición, por su parte, señala la postura entreguista y antipatriótica del gobierno al pretender devolver a manos privadas un recurso que sólo pertenece a los mexicanos.
 
 
Elocuentes, algunas voces, acuden a términos como 'el interés nacional' o 'el proyecto de nación', que, en el mejor de los casos, quedan como conceptos vagos para la discusión ilustrada en mesas académicas, más que como objeto práctico de opinión pública.
 
 

Planteada como está la estrategia de comunicación oficial, parece producir más bien suspicacia entre la sociedad que adhesión a la propuesta de reforma. Aún está presente el recuerdo de la promesa López Portillista de la 'administración de la abundancia' y su trágico resultado, así como la intensa labor privatizadora de las últimas administraciones del siglo pasado que alimentan la incredulidad social, más aún cuando la oferta de los beneficios esperados se ubica en el año 2018.
 
 

Ante la experiencia histórica de perniciosos errores o abiertos engaños, con una corrupción rampante, sin una definición razonable del futuro esperado (el etéreo 'proyecto de nación'), ante un escenario siempre incierto que no sobrepasa el término sexenal y ante la obligada desmitificación de nuestro concepto de soberanía basado en el petróleo, la aprobación social a las decisiones políticas se traduce, como es tradición, en un simple acto de fe.
 
grhhuizar@gmail.com