Opinión

Hillary, una vez más

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“Los estadounidenses han luchado para salir de tiempos económicos difíciles, pero el sistema todavía favorece a los que están en la cima” Clinton. (YouTube)

En el verano de 2007 fui enviado a cubrir el cierre de campañas demócratas y republicanas en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Repetía en una convención demócrata en plena conciencia del “gran espectáculo” de la política estadounidense: la conformación de las delegaciones, el complejo sistema de votos para designar candidatos, y evidentemente las negociaciones a puerta cerrada entre líderes estatales quienes defienden –me consta–apasionadamente a sus candidatos.

Es una auténtica guerra, de ideas, de simpatías, de fortalezas y, principalmente, de perfiles de representatividad. ¿Quién puede representar mejor los intereses de una comunidad? Parece ser la cuerda que se tensa entre candidaturas. Ese año, la locomotora de la campaña Clinton parecía imparable: victorias en primarias, extendidos segmentos de apoyo en el Partido Demócrata parecían asegurar la candidatura presidencial, además de presentar a la primera mujer a esas alturas de la contienda. Todo hasta que apareció un joven y cautivador orador por Illinois, el senador Barack Obama.

Cuando asistí durante los cuatro días de la convención a la batalla entre los seguidores de Clinton y de Obama, aprendí varias lecciones de la democracia estadounidense. Los delegados estatales mueren en la raya defendiendo a su candidato. El voto electoral de cada estado es fundamental para el triunfo de un aspirante.

A casi ocho años de distancia, todo aquello es historia que revive con la nueva candidatura presidencial de Hillary Rodham Clinton, quien a sus 67 años –no es una aspirante joven– se lanza a una nueva campaña presidencial para reescribir aquel capítulo en que casi fue candidata.
La experiencia y el aprendizaje pueden ser dos de los elementos clave para que Hillary logre –esta vez– una campaña exitosa. Por eso destacan dos elementos fundamentales de su anuncio en video y redes del domingo: el primero, el mensaje: “haremos una campaña con humildad, disciplina y unidad”. Tal vez tres de los factores que hace siete años desviaron su camino hacia la Casa Blanca. Aquella campaña padeció la soberbia de una victoria adelantada, que no alcanzó el final como resultado del desorden, la falta de control y de visión. Perdieron no sólo porque su contendiente era afroamericano además de carismático y elocuente, sino porque fue capaz de conectar mejor con el electorado. El segundo, la inteligente, innovadora y muy eficiente vía de la videocampaña difundida en redes sociales. En vez de un acto espectacular con globos y guirnaldas, bandas y banderas –lo más típico en una campaña estadounidense– Hillary lanzó un mensaje de dos minutos y 18 segundos donde se autodefine como “la defensora de América”. Impresionante.

La experiencia parece garantizada con la conformación de su equipo de campaña: ocho mujeres, ocho hombres, algunos de los asesores políticos más destacados en el terreno liberal de las últimas dos décadas. John Podesta, exasesor de su esposo, exasesor de Obama y uno de los liberales más respetados en Estados Unidos, como presidente de campaña; Robby Mook, el jefe, cercano, de confianza, que la hizo ganar en Iowa y en New Hampshire en 2008 y luego tuvo un par de victorias en carreras para gobernador y el Congreso, una gran pieza; Joel Benenson, encuestador en jefe, estratega, el gran analista de encuestas de Obama; Jim Margolis, publicista, asesor de medios, productor de publicidad política, el que produjo los mensajes de Obama en su campaña y estuvo en el campo contrario, hoy en su equipo; Dennis Cheng, figura clave, el gran recaudador, viene de la Fundación Clinton –una máquina de hacer dinero– con el mérito de haber recaudado 248 millones de dólares en apenas un año, una potencia en los dineros; Cheryl Mills, exjefa de asesores en el Departamento de Estado con Hillary, abogada, con experiencia en el Congreso, larga trayectoria; Jennifer Palmieri, directora de comunicaciones, amplia trayectoria en el partido demócrata, trabajó en la última Casa Blanca de Obama, y otros más.

La señora Clinton parece no enfrentar –hasta ahora– a ningún otro aspirante en el terreno demócrata y ciertamente tiene un perfil, trayectoria, nombre y prestigio más ancho y profundo que cualquiera de los republicanos. Esto apenas comienza.

Twitter: @LKourchenko

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