Opinión

¿Hillary o Trump?

 
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Clinton, Trump

Probablemente gane ella, pero el daño ya está hecho en Estados Unidos: desconfianza en el sistema político, polarización política e incluso racial, resurgimiento de actitudes supremacistas, tendencias aislacionistas, la política de la destrucción del adversario con gritos e insultos, no con diálogo y razones.

Trump no es el causante del daño, sino un síntoma. Él ha exacerbado los sentimientos de desafío a las élites políticas, financieras e intelectuales de Estados Unidos, pero el surgimiento de desafección de millones de americanos hacia su sistema político inició hace décadas con un capitalismo que ha acentuado la desigualdad, con un sistema financiero que ha concentrado la riqueza, con reglas de financiamiento de campañas políticas corruptor que se basa en el llamado big money, con una reelección legislativa indefinida que eterniza a muchos congresistas en el cargo y paraliza al Congreso, con un sistema de organización de elecciones precario, fragmentado y que genera dudas de su certeza e integridad.

Aunque gane Hillary, el daño para México también ya está hecho. La imagen del país en Estados Unidos (y el mundo) está en su peor momento –quizá desde que Pancho Villa invadió Estados Unidos en 1916 y atacó la ciudad de Columbus. El Tratado de Libre Comercio sufrió su peor descrédito durante las campañas: frente a los ataques de Trump –“NAFTA es el peor tratado que ha firmado Estados Unidos”–, Clinton se quedó callada. Si algún éxito ha tenido la comunidad de América del Norte es el libre comercio y nadie lo defiende. Por su parte, el debate migratorio se polarizó y construir un muro ya es incluso popular entre quienes votarán por Hillary.

Trump tampoco es el causante de ese daño tremendo para México. Lo somos nosotros mismos en buena parte porque los estereotipos que explota Trump se basan en verdades, que él exagera y distorsiona: la violencia del narcotráfico, la corrupción rampante, las enormes desigualdades. Trump usó a México como punching bag porque las encuestas de percepción le mostraron la mala imagen que el país tiene en el norte mucho antes de que él se postulara; por eso jamás atacó a Canadá, porque es el país con mejor imagen en Estados Unidos. Claro, Trump exacerbó los estereotipos y al hacerlo empeoró la percepción del país.

La reflexión de fondo a partir de mañana corre en dos vertientes. Para Estados Unidos cómo reformar su sistema político. Aunque Trump se vaya a su casa, hay 40 por ciento de votantes que lo siguieron y que abrazarán la misma causa por mucho tiempo. ¿Seguirá Trump encabezando el malestar si pierde? ¿Y si llegase a la Casa Blanca?

¿Cómo afecta eso al Partido Republicano? ¿Se resquebrajará el sistema bipartidista y surgirán partidos que disputen el oligopolio demócrata y republicano?

Más preguntas. ¿Podrá Hillary –si gana– revertir la polémica decisión de la Corte, Citizens United v. FEC, aquella que en 2010 quitó cualquier restricción a las contribuciones privadas a campañas mediante los llamados super PAC´s? ¿Hay manera de centralizar el sistema de organización de elecciones para que haya autoridades nacionales que las organicen con estándares homogéneos, predecibles y de clase mundial? En este tema México le da lecciones a Estados Unidos, al igual que muchos otros países.

Esta será la elección más cara en la historia de Estados Unidos. Tan sólo los candidatos a la presidencia, con el apoyo de sus partidos y comités políticos, recaudaron lo equivalente a 25 mil millones de pesos (1.3 billones de dólares). En publicidad en TV, todos los candidatos en disputa (presidente, senadores, congresistas) han gastado lo equivalente a 45 mil millones de pesos (2.3 billones de dólares). ¿Es mucho más que en nuestro país? Aunque en México los spots de medios electrónicos son gratuitos, tienen un valor comercial que agregado da una suma que puede asemejarse a la que pagan los candidatos en Estados Unidos. Y respecto a la recaudación, el financiamiento privado legal es muy reducido en México, pero aquel ilegal y desconocido, muchas veces proveniente de desvío de recursos públicos, puede alcanzar cantidades semejantes.

Para México las reflexiones son muchas. ¿Cuál será la estrategia frente a Estados Unidos en los años por venir? ¿Cómo relanzar NAFTA y persuadir de sus bondades al americano promedio? ¿Qué papel jugarán los empresarios mexicanos en ese esfuerzo? ¿Debe activar México a los mexicanos en Estados Unidos para que participen y sean una fuerza con más peso en la vida política? Y, sobre todo, ¿cómo cambiar internamente para ser más fuertes externamente? La mejor política exterior es la política interna, y eso requiere reducir la desigualdad, la violencia y la corrupción.

Si gana Hillary, muchos respirarán con relajación, pero el daño ya está hecho.

Twitter: @LCUgalde

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