Opinión

Hillary dijo que no

  
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Hillary Clinton

Era de esperarse. Después de la fatídica o por ella misma descrita como “vergonzosa” visita y presencia de Donald Trump a México en días pasados, la candidata demócrata declinó la invitación. Es más, cuestionó si la carta de tres páginas que el gobierno mexicano entregó en las oficinas de ambos candidatos fuera, en efecto, una invitación. La oficina de la señora Clinton respondió, según fuentes oficiales, mediante un coordinador de alto nivel –no la candidata en persona– que la carta hacía una serie de reflexiones sobre la relación bilateral y que un encuentro era recomendable pero, de hecho, no formulaba una invitación específica. Como sea, el texto no ha sido publicado en México y algunos fragmentos fueron filtrados por el equipo de Trump a medios estadounidenses.

A pesar de los buenos deseos o las ingenuas intenciones de los estrategas de la o las visitas, el cálculo político fue equivocado como ampliamente ha señalado todo análisis y comentario editorial en México.

Hillary no aceptará un 'segundo plato' por la simple y sencilla razón de que lo hicimos mal. Su equipo se pregunta por qué el gobierno de México le tendió semejante escaparate [a Trump] para apuntalar su campaña, cuando ha sido justamente ese, el 'otro vociferante' y ofensivo, el que nos ha agraviado continuamente.

Como hemos señalado en espacios anteriores, si bien el diagnóstico de los asesores y cercanos al presidente Peña construyeron el escenario improbable pero posible, de que Donald Trump pueda resultar vencedor el próximo 8 de noviembre, era necesario algún tipo de acercamiento, puente, línea de comunicación. Correcto e indiscutible.

Sin embargo, la implementación y puesta en práctica de dicha estrategia resultó un desastre para nuestra imagen en Estados Unidos, para el prestigio derruido de nuestro presidente y para su propia reputación en México. Hoy lo sabemos todos, algunos lo anticiparon el martes 30 cuando por la tarde el Washington Post informó que Trump venía a un encuentro con el presidente mexicano y Los Pinos no tuvo más remedio que confirmar.

¿De qué tamaño es el daño del encuentro?

La primera consecuencia está claramente en el desaire de la señora Clinton, pero hay otros y tal vez más profundos.

La actitud de México, poco explicada y mal comunicada, ha sido en consecuencia mal leída en el Congreso norteamericano. ¿México o su gobierno pensaban inclinar la balanza en el proceso? ¿Querían construir lazos firmes de comprensión y entendimiento con ambos?

Bad timing”, dicen algunos analistas en Washington. Si no se hizo muy al principio de la campaña, o de forma inmediata al resultado de las convenciones, ahora, en plena contienda, pareció inoportuno e inconveniente.

El presidente Peña Nieto tuvo un acercamiento informal con el presidente Obama en el G20 en China, amable, cortés, pero intrascendente porque Obama ya se va. Resulta una cortesía tratar de brindarle una explicación, especialmente cuando en su encuentro anterior el presidente de Estados Unidos le había expresado su agradecimiento por mantenerse al margen de la campaña. Ahora tuvimos que explicar la intervención torpe y a destiempo de nuestro gobierno.

Los conocidos think tanks de Washington, unos liberales y otros conservadores, comparten en corto la idea de que Trump se aprovechó de la “ingenuidad presidencial” mexicana y la utilizó como trampolín para su denigrante plan migratorio.

Otros piensan que México extravió la brújula producto de la preocupación y la ansiedad de que Trump pueda ganar.

Hoy está en marcha, se lo puedo confirmar, un plan de contención de daños, dirigido al Partido Demócrata, al equipo de campaña de la propia candidata, y de aquellos congresistas que permanecerán solamente en el Senado (La Cámara de representantes se renueva en su totalidad). Veremos las consecuencias en las semanas por venir

Twitter: @LKourchenko

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