Opinión

Hillary: ¿análoga o digital?

 
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Hillary Clinton celebra sus triunfos en Florida, Ohio y Carolina del Norte. (Reuters)

Hasta fines de abril, la campaña de Hillary Clinton ha destinado a medios digitales la mitad de su gasto declarado de 182 millones de dólares; de los 732 empleados pagados, 275 se dedican a esas tareas.

Cuenta con los más innovadores ingenieros de sistemas y con los más experimentados operadores del mundo virtual. Sin embargo, ha sido ampliamente superada en la guerra digital por Bernie Sanders, que con aplicaciones sencillas y videos virales ha conquistado a los blogueros más entusiastas. Incluso han tenido más impacto los esfuerzos poco sofisticados de Donald Trump, cuyos tweets son seguidos por 8.2 millones de personas.

Tampoco le ha ido bien en los debates y en los medios tradicionales. Sus 728 diferentes tipos de cartas personalizadas han atraído menos donativos que los textos más generales de Bernie. Tanto él como Donald han vendido más mercancía con su logo que ella y durante meses han gozado de cobertura gratis por su aparición inesperada y estilo diferente.

Quizá lo más frustrante para sus seguidores han sido sus anuncios por televisión. En nueve meses ha emitido cerca de sesenta y ninguno sale de lo convencional.

Los anuncios con los que empezó en agosto trataban de atenuar su imagen de política fría y calculadora. El storytelling remitía a la difícil vida de su madre para explicar su profunda preocupación por los niños, las familias y la educación. Refería su noble decisión de dedicarse a las causas sociales, en lugar de irse a trabajar a un prestigiado bufete de abogados, así como su permanente preocupación por la salud pública como Primera Dama (en Little Rock y en Washington) y como senadora. Continuaba exaltando su labor humanitaria como Secretaria de Estado y concluía con escenas tiernas con su hija Chelsea y su nieta. Bill aparecía lo mínimo posible.

En octubre iniciaron los anuncios de propuesta, que desde el principio pareció muy modesta: elevar el salario mínimo, ampliar la cobertura de la educación preescolar, reforzar el plan de salud de Obama (Obamacare) y promover que las mujeres reciban el mismo sueldo que los hombres.

Ese vacío lo llenó rápidamente Sanders y la reacción de ella fue retomar sus temas pero con ofertas más tímidas. Por ejemplo, él se pronunció por la educación superior gratuita y por la condonación de las deudas por créditos para pagar colegiaturas. Ella sólo por reducir las colegiaturas y los intereses a pagar. Él la acusó de estar respaldada por las grandes financieras y ella únicamente ofreció frenar los abusos de Wall Street. Él se adelantó a la crítica que le podrían hacer por su inexperiencia en puestos ejecutivos y ella salió diciendo que como Secretaria de Estado había recorrido casi un millón de millas.

Lo mismo sucedió con Trump. Cuando él introduce la cuestión de la fuga de empleos, ella añadió que las compañías también se llevan utilidades y se van a países de baja tributación. Pero en tanto que Donald amenaza con imponerles impuestos a los que exporten empleos, Hillary dice que la solución sería dar crédito fiscal a las empresas que se queden (o sea, de todas maneras tendrían un beneficio a costa del contribuyente).

En sus anuncios en español (titulados Valentía) dice que los problemas no se solucionan construyendo bardas o deportando, cuando ella ha apoyado esas medidas en diferentes ocasiones.

Entre sus estrategas, hoy la discusión es si Hillary tiene que seguir zigzagueado entre izquierda (para acercar a los simpatizantes de Sanders) y derecha (para atraer a los republicanos insatisfechos con Trump) o si debe aferrarse a sus propuestas originales. Debaten si vale la pena estar mostrando las insuficiencias del primero y los excesos del segundo o si es mejor tratar de quitarse sus propios negativos. Analizan si es mejor volver a los descuidados medios análogos o aprovechar su ventaja tecnológica con los digitales. Lo que sí todos reconocen es que no previeron los factores Sanders y Trump, que el mensaje no impacta, que la credibilidad de la candidata se ve más deteriorada de lo que pensaban… y que esta no va a ser la marcha triunfal hacia la Casa Blanca que habían imaginado.

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