Opinión

Hielo a Putin

Nunca antes un líder mundial había sido recibido con tal frialdad. La llegada de Vladimir Putin a Brisbane, Australia, el pasado sábado para la Cumbre del G-20 fue incluso evadida por el ministro de Relaciones Exteriores responsable de recibirlo. Putin es un apestado en Occidente por sus erráticas acciones en contra de Ucrania.

A lo largo de las casi 36 horas de reunión, el clima de tensión, rechazo y hasta desagrado estuvo presente en cada encuentro en donde más de un discurso se dirigió frontalmente al presidente de Rusia para “invitarlo” a que cambie su curso de acción en torno a Ucrania. El gobierno ucraniano reporta la entrada constante de tropas rusas a su territorio para asesorar y entrenar a los rebeldes. Señalan que les ofrecen asesoría técnica y equipo para elevar la calidad de sus ataques y la efectividad de sus blancos bajo la premisa de una guerrilla urbana.

El Kremlin lo niega y dice que sus tropas se mantienen en la franja fronteriza, pero abunda evidencia satelital y fotográfica de efectivos rusos del otro lado de la frontera. Durante la reunión del G-20 el distante y casi hostil primer ministro de Australia -anfitrión de la cumbre- expresó con claridad su descontento, afectado por el derribo del avión de Malaysia Airlines que cayó en territorio ucraniano proveniente de Holanda y que transportaba a 38 pasajeros australianos. Le dijo a Putin que esperaba el compromiso total de su gobierno para el esclarecimiento del ataque.

El premier de Canadá manifestó abiertamente su rechazo al hacer pública su inquietud de saludar o no a Putin durante la cumbre, saludo que finalmente le otorgó. El más enérgico resultó ser el presidente Obama -no tenía alternativa por la presión interna y la reciente victoria republicana- al senalar a Putin la urgencia de cambiar el curso de su gobierno en torno a Ucrania y el rechazo a la anexión de Crimea. Putin aguantó con su serio e inescrutable rostro los desplantes y despliegues de sus “colegas”, quienes hablaron de más sanciones en contra de Rusia de continuar con esa estrategia. El premier Cameron de Gran Bretaña fue preciso al advertir de que mas fuertes y profundas sanciones podrían venir si el gobierno de Moscú no rectificaba en torno a Ucrania.

Pero nada pareció inmutar a Putin. En Europa más de un analista especuló que podría retirarse molesto anticipadamente, pero no fue así, llegó al final, asistió al almuerzo de líderes el domingo, y abordó su avión poco después. Tuvo conversaciones con Cameron y con Hollande de Francia, con quien además sostiene otro desencuentro ligado al mismo tema: se trata de la entrega de dos embarcaciones de guerra fabricadas en Francia por corporaciones y por el gobierno con un presupuesto de casi mil 200 millones de euros.

Ahora el gobierno francés afirma que no los entregará si Moscú no reorienta su política en torno a Europa del este. Rusia, aislada por el resto de las potencias, reproduce el esquema de la Guerra Fría. Putin eleva sus sospechas al comprobar las sanciones y el creciente aislamiento. Es como un círculo vicioso: Putin actúa con extrema agresión y desconfianza cuando se siente amenazado, cuando a la puerta de su enorme país llama la Unión Europea y lo que es peor, la OTAN. Parte de los acuerdos con Rusia después de la desintegración de la URSS fue que la OTAN no extendería su cobertura ni alianza hacia los países que formaron parte -hasta entonces- de la esfera soviética. A casi 25 años de distancia, el compromiso ha resultado incumplido, pues en realidad la OTAN sí reclutó a varios países y la UE ha continuado la aceptación de nuevos miembros. Si a esto le sumamos la natural paranoia de un exKGB, la megalomanía de un líder que pretende revivir el viejo poderío ruso y soviético, son muchos elementos coincidentes para desactivar su actitud ofensiva y recelosa hacia Estados Unidos y Europa.

No hay señales de un posible reencuentro de políticas o diplomacia que pueda aligerar las tensiones. China podría jugar un papel de interlocutor, ahora que su rol internacional ha crecido y parece ser el único que se entiende con Moscú. Para la UE y para EU, no hay más alternativa que mantener las sanciones, es la única forma en que Rusia puede recibir el mensaje de que está obligada -aunque al senor Putin le cueste trabajo- a respetar el derecho internacional.

Twitter: @LKourchenko