Opinión

Hice lo que tenía que hacer…

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Luis H. Álvarez. (Cuartoscuro)

“Hice lo que tenía que hacer como mujer, madre y ser humano, sin egoísmos, sin darle demasiada atención al cansancio”:
Blanca Magrassi.

He reiterado que mi héroe viviente se llama Luis H. Álvarez. En mi trayectoria desde la sociedad civil y el mundo empresarial hasta la política, ha sido don Luis el liderazgo más comprometido, honesto, fuerte y con el poder de la humildad y la sencillez que he tenido el privilegio de conocer, admirar y querer profundamente.

Conocí a don Luis cuando, viviendo en Chihuahua y trabajando en ámbitos totalmente diferentes, coincidíamos semanalmente en alguno de los vuelos con destino a la ciudad de México. Entonces él era Senador de la República y yo dedicaba gran parte de mi tiempo y de mis sueños a promover la urgencia de un sistema democrático para México.

Nos hicimos amigos de “avión”. Así conocí diversos pasajes de su vida y sus innumerables batallas, sin imaginar siquiera que años más tarde yo estaría participando en las filas del Partido Acción Nacional y también en el primer gobierno de alternancia.

En Chihuahua la huelga de hambre de don Luis y su ejemplar liderazgo le había ganado respeto y admiración de propios y extraños. Recuerdo cuando a mi pregunta sobre algunas de las condiciones en que él había enfrentado la huelga de hambre, me respondió que “no había tenido mérito alguno” porque después de algunos días había perdido el apetito y que el apetito de México por la democracia era mucho mayor a lo que él estaba viviendo. En esa ocasión comíamos en compañía de Elenita Álvarez, y como para reafirmar lo que me respondía le dijo: “Elena, no hice nada excepcional porque perdí el apetito” .

Viví a su lado algunos pasajes de su incansable, silenciosa, difícil e indispensable labor junto a los indígenas chiapanecos, y compartimos la entrega del cuartel Guadalupe Tepeyac por parte de las Fuerzas Armadas. Más de una ocasión compartió que extrañaba a su amigo Heberto Castillo.

Don Luis siempre estuvo acompañado por doña Blanquita. Fue su compañera de mil batallas, con firmeza, con prudencia y con esa dulzura que siempre nos obsequió. Era esa mujer inteligente, audaz y hermosa que “nunca paraba”, que era incansable y atendía muchos frentes a la vez.

A doña Blanquita la conocí de una manera muy distinta, llegando a vivir a Chihuahua con mi familia, lo primero que hicimos fue buscar una escuela para nuestras hijas. Alguien nos recomendó visitar la escuela que había fundado Blanquita y que había logrado que sus alumnos ganaran múltiples reconocimientos.

Visitamos la escuela y fue Blanquita quien nos llevó a conocer una de sus obras que más amaba y de la que estaba orgullosa. Recorrimos salones y coincidimos con su tiempo de recreo, así que pudimos observar que eran los propios niños quienes se encargaban de preparar parte de su refrigerio, porque la escuela incentivaba la corresponsabilidad.

Blanquita fue pionera en una manera distinta de formar y educar, más humana, con valores y también con autonomía, excelencia y responsabilidad. Dentro del PAN, con su trabajo y convicciones profundas construyó caminos más anchos e inspiradores para nosotras las mujeres y para todos los panistas. Nunca la escuché quejarse.

Mi más profundo pésame a don Luis y a toda su familia y mi más profunda gratitud y cariño para Blanquita, por su ejemplo y su vida entregada a México. Cuanta razón tenía al afirmar que “las mujeres somos el alma y corazón de la vida… los cimientos sobre los que crece un país como México”.

Twitter: @JosefinaVM

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