Opinión

Heroína al alza

Por muchas razones no pueden pasar inadvertidas las declaraciones del presidente de Estados Unidos de América el pasado día 15 de septiembre en relación al reporte presentado ante su Congreso sobre los principales países productores y de tránsito de drogas hacia su país.

En el reporte se señala a México como el principal proveedor de heroína del país del norte y su agencia antidrogas, la DEA (por sus siglas en inglés) indica que hubo un aumento de 324 por ciento en los decomisos de esa sustancia en la frontera común entre 2009 y 2013.

Un incremento de esta magnitud es, en principio, indicativo de dos cosas: la primera y más obvia sería que la producción de goma de opio, materia prima para la elaboración de morfina, heroína y otros alcaloides derivados (codeína, tebaína, narcotina y paverina), creció al menos en el mismo porcentaje.

La segunda, consecuentemente, es que los productores de amapola, de donde se extrae la goma de opio, tuvieron la suficiente libertad de acción para sembrar mayores extensiones de esta planta, cultivarla y explotar su producto, procesarlo, concentrarlo y transportarlo.

A diferencia de la mariguana, de producción más abundante en México, la amapola o adormidera demanda de condiciones climáticas mucho más estrictas en cuanto altura, humedad, suelo y temperatura.

Es una planta que requiere asimismo de mayores cuidados en su cultivo y en su cosecha en periodos determinados, si es que aún no se le produce en invernaderos; además, una vez extraída la goma de opio, su procesamiento para convertirla en heroína necesita de una serie de insumos químicos y por supuesto de laboratorios y personal calificado.

Tradicionalmente nuestro país ha sido productor tanto de marihuana como de amapola. Regiones como el llamado 'triángulo dorado', confluencia de los estados de Chihuahua, Sinaloa y Durango, o los estados de Guerrero, Michoacán y Oaxaca, se han distinguido por la producción de estas drogas, territorios en los que se han implementado, desde los años 70 operaciones específicas para la erradicación de cultivos ilícitos.

Las operaciones que desde aquella época y con diferente intensidad
-pasando por la guerra del anterior sexenio- se han implementado, con la participación de dependencias federales, particularmente el Ejército, la PGR con su Centro Nacional contra las Drogas (Cendro), el Instituto Nacional contra las Drogas (INCD) o la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos contra la Salud (FEADS) y ahora la Marina y la Policía Federal, con la colaboración de agencias norteamericanas, harían suponer que la producción nacional se encontraría abatida, no que hubiese crecido de manera tan sensible.

Ello hace pensar que la capacidad de las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, a pesar de las constantes detenciones de “los más peligrosos criminales”, lejos de minarse se ha incrementado. La pregunta es entonces ¿de que han servido las ingentes cantidades de recursos y de sangre vertidas en esta lucha?

Quizás una primera respuesta se encuentre en las declaraciones del propio expresidente Calderón, coincidentes con las del mandatario norteamericano, en las que explícitamente reconoce el fracaso de su estrategia, debido a la corrupción de autoridades estatales que abiertamente colaboraron con el crimen organizado.

De acuerdo a recientes declaraciones respecto a la disminución de la delincuencia en el país, eminentemente vinculada al narcotráfico, resulta paradójico que el ilegal negocio siga creciendo.

Evidentemente, la escueta declaración de Obama contiene un mensaje y una intencionalidad definida. Esperemos a ver que sigue.