Opinión

Hermoso rejoneo


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Pablo Hermoso de Mendoza

Terminó la Temporada Grande de manera triunfal, con un entradón y gran ambiente para disfrutar de un cartel muy atractivo con la máxima figura del rejoneo a nivel mundial, Pablo Hermoso de Mendoza, alternando con Enrique Ponce —uno de los grandes consentidos de la Plaza México— y dos estupendos toreros mexicanos, Fermín Rivera y El Payo, quienes lidiaron seis toros de Teófilo Gómez, y Hermoso de Mendoza dos toros de Los Encinos.

Quiero en estas líneas poder expresar lo que realmente significa ser una figura del toreo:

Pablo Hermoso de Mendoza se presentó en este país hace 15 años y desde entonces conmocionó al público mexicano por su forma de lidiar toros a caballo. A nivel mundial ha revolucionado el rejoneo, basándose en el toreo puro, el de los grandes maestros como Vidrié, Moura, Buendía y Domecq; me atrevo a decir que Pablo añadió a las suertes del rejoneo un tercer tiempo, el remate. Una vez clavado el adorno al toro, el navarro continua toreando a los astados con temple, alargando las embestidas a centímetros de su caballo, muchas veces dando incluso varias vueltas al ruedo con el toro embistiendo y el caballo toreando bajo un mismo ritmo de tranco entre toro y el binomio torero. La emoción que estos momentos producen ha generado que las plazas de toros se llenen una tarde sí y otra también.

Cuando un hombre alcanza la cúspide y gloria en su profesión, empiezan los cuestionamientos sobre sus valores o sobre sus logros; quien cuestiona de esta forma la trayectoria y arte de los grandes maestros jamás llegará a esta cúspide en su profesión. En cualquier ámbito, pero sobre todo en el toreo, no valorar el presente taurino no quiere decir dejar de exigir, pero cuando las cosas se dan como el pasado domingo en el ruedo de Insurgentes, no hay más que emocionarse, rendirse ante un genio de nuestra época. Los que ahora por llamar la atención intentan demeritar, en algunos años presumirán su foto en algún patio de cuadrillas con el maestro, así son las cosas.
Desde que le vi por primera vez, siempre me he preguntado si Pablo Hermoso es mejor jinete o mejor torero. Creo que su capacidad ecuestre y lidiadora va en relación a su forma de entender y sentir el comportamiento de los caballos y de los toros. Piensa como animal; si en el toreo a pie pocos son capaces de pensar como toro, a esto hay que sumarle pensar y anticipar al caballo en sus reacciones ante un toro.

En su libro, El Corazón de los Caballos, de editorial Planeta, presentado ayer por TauroArte, cuenta Pablo que lo que le llamó la atención inicialmente sobre el rejoneo fue que los caballos mostraban un vigor, capacidades y reacciones que sólo ante el toro son capaces de mostrar, esta fue la clave de la explosión de virtudes, emociones, ritmos, distancias y suertes del rejoneo actual.

Nunca un caballo montado por él ante un toro se ve forzado o castigado, los caballos van convencidos y se sienten toreros ante los toros. La expresión que logran en la reunión les da otra dimensión.
El domingo, Pablo Hermoso cortó su cuarto rabo en la Plaza México, que se dice fácil. La temporada pasada se quedó fuera estando anunciado y al año corta dos orejas y un rabo, contundente respuesta de una figura del toreo. Son más de 2 mil 252 corridas de toros, de éstas, más de 800 en nuestro país. La derrama económica que se genera alrededor de esta figura es enorme y esto le da valor a cada temporada; otros lo han intentado sin conseguirlo.

Quedan alrededor de 33 festejos en su temporada americana, así que si lo ve anunciado no se lo pierda, vale la pena, lleve a sus hijos —que no se van a traumar— y disfrute del arte del toreo y de la lidia a caballo del mejor de todos los tiempos: Pablo Hermoso de Mendoza.

Twitter: @rafaelcue

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