Opinión

Hermandad

 
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Raúl Castro.

Gil amaneció heideggeriano: el tiempo pasa, pero no pasa, a veces se detiene en imágenes pétreas. Oh, sí. Raúl Castro llegó a México en visita de Estado. Discursos efusivos, abrazos, elogios, una breve caminata codo a codo en el Paseo Montejo de Mérida. Volvamos a la casa de la obviedad, por si las moscas: donde ponga un pie, Raúl Castro representa a una dictadura que lleva 56 años en el poder. Se escribe pronto y fácil. Y Peña Nieto representa a un presidente elegido en las urnas y, también, a un presidente que regresa una y otra vez a la escena originaria del PRI: elogios al dictador, reconocimiento a los logros en salud y educación.

Gil no quisiera improvisarse como un genetista de pacotilla, pero la información hereditaria de los priistas es sencillamente indestructible. Lo ha hecho usted muy bien, señor dictador, bien por meter a la cárcel a cientos de disidentes, muy bien por prohibir cualquier publicación libre en la isla, perfecto por acosar a la bloguera Yoani Sánchez, qué mejor que satanicen a los homosexuales. Bien visto, para qué queremos partidos políticos, elecciones, institutos electorales en México si con un dictador inexorable de medio siglo en el poder las cosas pueden salir tan bien como en la isla. No sé ustedes, pero eso fue lo que oyó Gilga.

Los cubanos ayudarán a México en programas de alfabetización, lectura, deportes, fortalecimiento de las normales. Y México apoyará a la dictadura de los Castro en materia pesquera y agrícola. Con ustedes: la hermandad indestructible de México y Cuba. Muy bonito.

El bolero de Arnaldo

Como diría el clásico: el vago azar o las precisas leyes dictaron que Gilga leyera Un bolero para Arnaldo. Memoria personal de Cuba publicado por Cal y Arena el día en que Raúl Castro llegó a México. En una de las páginas de ese intenso recuento de la tragedia cubana, Rubén Cortés escribe esto: “Entonces Pinar del Río se volvió, igual que Cuba entera, un pueblo jodido donde la gente casi dejó de ir a los velorios. Porque la Gran utopía sacó lo peor de los cubanos, al obligarnos a luchar para vivir, lo cual nos hizo ceder espacios a la dignidad con tal de alcanzar una vivienda, un buen trabajo, un viaje al extranjero y privilegios como comer salchichas o usar papel sanitario. Todo tipo de prosperidad dependía del Estado y sus aparatos de coerción y control político, económico y social. Para sobrevivir la gente era capaz de cualquier bajeza o delito, como justificar en su entorno cercano la prostitución y el robo sin cuestionamientos morales”. Entre otras cosas, esto es lo que elogian los que elogian al régimen cubano.

Basave

Agustín Basave, Basave a caballo ascendió a la presidencia del PRD en una limpísima y sobre todo democrática contienda en la cual los votos fueron fundamentales. ¿Qué? ¿Dijo algo mal Gamés? El nuevo dirigente del PRD es un expriista que se afilió hace tres meses al partido. Pas mal. Basave, Basave a caballo afirmó con el énfasis de un hombre de izquierda que se acabaron los pactos, que luchará contra la corrupción y convertirá al PRD en un verdadero partido de oposición.

Este enérgico político se ha conmovido hasta las lágrimas, lo cual habla muy bien de su corazón desgarrado por las injusticias cometidas con los desposeídos (ah, que delicia escribir estas frases).

Por cierto, según una nota de Claudia Salazar publicada en su periódico Reforma, Basave, Basave a caballo buscó hacer contacto con Liópez “para iniciar un diálogo sobre posibles alianzas electorales”. Le ha enviado dos misivas que Liópez aún no contesta: “Ya le he mandado un par de mensajes en estos días diciéndole que si el consejo me elige, me gustaría sentarme a hablar con él. El resolutivo del Congreso dice que debemos privilegiar las alianzas con las izquierdas. Si ellos no quieren pues entonces tendremos que tomar nuestras decisiones”.

Gil se tiró encima una dura palabra definitiva: ¡badulaque! De eso se trata este asunto, de llevarle a Liópez el PRD a su casa, a su mesa y ponérselo en bandeja. Y con Liópez no hay tu tía, los va a poner de rodillas, los obligará a hacer un mea culpa como si el señor Liópez no hubiera participado del desastre perredista y luego, si está de buenas y los astros se alinean, aceptará encabezar una alianza de las izquierdas (así se dice) para las elecciones presidenciales del 2018. Gilga jura que los astros se alinearán. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Gamés leyó una frase de Jorge Ricardo en la crónica del relevo en el PRD aparecida en su periódico Reforma que quisiera citar a modo de máxima: “¡Hasta la victoria miente!, camaradas”.

Gil s’en va

Twitter:@GilGamesX

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