Opinión

Herejía energética

    
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Queretaro

Con el tiempo, uno aprende, aunque sea un poco. En los casi 25 años de escribir entre uno y dos centenares de artículos al año he identificado temas que provocan mucha atención. Del lado positivo, escribir sobre educación; del negativo, hacerlo sobre Andrés Manuel o el cambio climático. Son temas que interesan a muchos, y lo positivo o negativo resulta de la coincidencia, o falta de ella, entre lo escrito y lo que piensan los lectores.

También he aprendido que los seres humanos reaccionan más a las amenazas que a las oportunidades. Esto puede tener una explicación evolutiva: quienes reaccionan más rápido y mejor frente a las amenazas tienen mayor probabilidad de sobrevivir. Aprovechar o no las oportunidades tiene un efecto mucho menor. Finalmente, es también evidente que los seres humanos sufrimos con la incertidumbre, que nos genera angustia, y para evitarla nos refugiamos en nuestras creencias, que nos ofrecen consuelo, dando sentido a lo que nos parece azaroso.

Combinando estos dos últimos asuntos, se entiende por qué las amenazas futuras nos causan tanta angustia: porque son amenazas y porque son inciertas. Pero cuando un tema atrae mucha atención, hablar de él puede resultar popular, atraer fama e incluso ingreso, siempre y cuando uno coincida con la opinión general. Y, ya decíamos, la amenaza es mucho más popular que la oportunidad.

Esto significa que todo aquel que logre construir una amenaza futura creíble tiene un mercado asegurado. Centenares de profetas de siglos pasados así lograron construir séquitos, algunos de los cuales derivaron incluso en religiones establecidas. En los doscientos años de gran crecimiento, apelar a la amenaza fue útil al reverendo Malthus, a Marx, a Spengler, y más recientemente a Paul Ehrlich o Michael Mann. Ehrlich anunciando el cataclismo de la explosión demográfica (que nunca ocurrió), Mann el del calentamiento global.

Puesto que se trata de amenazas que son inciertas, la solución humana a ello es construir un conjunto de creencias que produzcan consuelo. Por eso los profetas del apocalipsis han logrado construir religiones. En los últimos siglos, religiones laicas. Pero criticar una religión no es buena idea. Sus fieles responderán airados, mientras que los que no son creyentes no se sentirán involucrados. Al final, uno sólo consigue enemigos. Le decía que en 25 años de escribir algo se aprende.

Pero el conocimiento humano no se ha construido en las religiones, sino en las herejías, que obligan a pensar. Muchas herejías acaban convirtiéndose, a su vez, en religiones establecidas, proveedoras de consuelo, pero no de conocimiento. Si quiere usted, llámele dialéctica a este proceso y no estará muy errado.

Le he comentado acerca de cómo estamos viviendo una transformación energética profunda: consumimos menos energía por persona y por unidad producida, y al mismo tiempo hemos logrado utilizar fuentes cada vez menos intensivas en carbono. Eso es muy importante si, como se piensa, el bióxido de carbono es el gas de invernadero más preocupante, no por su efecto inmediato sino por su permanencia en la atmósfera. Si el cambio tecnológico va en la dirección comentada, ¿qué pasa con el cambio climático?

Se trata de un proceso extraordinariamente complejo, pero lo que puedo asegurarle es lo siguiente: el incremento de temperatura global (medido por HadCRUT4) se encuentra en el límite inferior de lo estimado en los documentos del IPCC versiones 3 y 4. En el primero, se esperaba un incremento de entre 0.4 y 0.7 grados centígrados, andamos apenas arriba de 0.4. El segundo tenía el mismo rango, pero comparando con el promedio 1980-1999. Con esa referencia, estamos apenas arriba de 0.2 grados.

En breve, hay muchas cosas más preocupantes que eso. Y se lo puedo decir porque me voy de vacaciones (regreso lunes 31) y será más fácil aguantar la andanada de críticas.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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