Opinión

Heredar deudas, egoísmo generacional

 
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ME Peso, pendientes

En 2016 la deuda total de los estados creció 32 mil millones de pesos, pasó de 536 mil millones a 569 mil millones, esto es 6 por ciento nominal y 2.6 por ciento real. Es una cifra relativamente inercial, sin embargo está en el promedio del sexenio: creció de 2013 a 2015, 48 mil millones, 27 mil millones y 27 mil millones, esto es 11, 5.6 y 5.2 por ciento, respectivamente.

En suma ha crecido 134 mil millones, lo que contrasta con los 274 mil millones que se incrementó durante el gobierno del presidente Calderón.

Claro hay que considerar el efecto de la crisis de 2009, cuando las participaciones –el principal ingreso de los estados– cayeron 54 mil millones de pesos, que aunque fueron compensadas parcialmente por el fondo de estabilización que se creó en 2006 para tiempos difíciles, fue insuficiente para compensar la caída ese año, por lo que se potenció con recursos de deuda pública, que se saldaron rápidamente en 2011.

Por otra parte, las participaciones se estancaron en términos reales cinco años, de 2008 a 2013, cuando volvieron a crecer en términos reales y se han mantenido los últimos tres años por encima de lo proyectado. En enero están por encima de lo programado y en febrero seguramente seguirá esa tendencia.

Por otra parte, insisto que el problema de deuda está en cinco o diez estados, pero el problema no es el monto, sino su relación con otras variables como el PIBE, los ingresos por participaciones de libre disposición y los ingresos propios entre otros. Pero el indicador más fuerte es su servicio, esto es el pago de la deuda y los intereses, que siempre supera al pago de capital. No tiene porqué ser deuda eterna, pero con las reprogramaciones, se puede dejar que la paguen las generaciones futuras.

Aun así hay muchos estados agobiados ya por el peso del servicio de su deuda, como Coahuila, que pagó 6 mil 841 millones en 2016, Nuevo León con 6 mil 593 millones, Sonora 6 mil 467 millones y Veracruz 3 mil 328 millones, este último sólo por pago de intereses, cero pago de capital, a pesar de que venía en su PEF, si no serían como 5 mil 300 millones más o menos: multipliquemos por seis esos datos, para tener idea del costo sexenal, excepto para Veracruz, que dura dos años.

Un indicador recientemente usado oficialmente es el que compara la deuda bancaria y de mercado con los ingresos totales, esto es la suma de transferencias e ingresos propios y aquí también hay datos interesantes, por ejemplo la deuda más alta en relación a los ingresos totales es la de Coahuila, con 113 por ciento, Quintana Roo 107 por ciento, Chihuahua 101 por ciento. La CDMX con la deuda nominal más alta, apenas equivale al 39 por cierto de sus ingresos totales, y yo pienso que menos, dada su dinámica recaudatoria y sus avances en el control de obligaciones.

Bien Yucatán con el 12.5 por ciento, Tabasco el 13.1 y Querétaro el 4.7

Desde luego resulta ocioso pensar que se puede pagar con el total de los ingresos participables, que se usan sólo como una referencia o indicador del grado de solvencia o insolvencia de las deudas estatales.

No se nos olvide de todas maneras que en cinco estados se concentra más de la mitad del monto de la deuda subnacional, sin contar otro tipo de compromisos financieros que aunque son deuda, las leyes dicen que no, pero sí significan compromisos financieros como es el caso de los PPS y los bonos cupón cero. Asimismo la deuda de corto plazo no reportada, en proceso de registro y las deudas con proveedores y prestadores de servicios, que no se puede reprogramar. En suma, no pagar o heredar las deudas, es una especie de egoísmo generacional.

Es un tema complicado, pero resulta claro que hoy el esfuerzo apunta a gastar mejor, no con políticas con alto costo social, sino con mejores prácticas presupuestarias, menos burocracia más gasto social y de infraestructura.

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