Opinión

'Hemisferios', de Galia Eibenschutz

 
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Galia Eibenschutz.

Acabo de visitar la galería Nora Sotres que se encuentra en la Colonia Roma, en el número 16 de la calle de Mérida. En este momento (y hasta el 19 de marzo), está allí montada la exposición Hemisferios, de la artista, bailarina y coreógrafa mexicana Galia Eibenschutz.

Galia realizó sus estudios de ballet clásico, danza contemporánea, teatro y artes visuales en Londres, la Ciudad de México y Ámsterdam, y desde entonces ha expuesto en los ámbitos nacional e internacional. Su proceso artístico surge del encuentro y del diálogo comprometido entre dos disciplinas: el dibujo y la danza.

Estando en el espacio de exposición, conviviendo con y contemplando estos delicados dibujos hechos con gis sobre bastidor o muro, es evidente que estamos frente a un proceso híbrido e interdisciplinario. Los dibujos resultan de acciones motivadas por preguntas que provienen de la observación, de la reflexión y, sobre todo, del trabajo con el cuerpo.

Como si existir y dejar (una) huella en el mundo fuesen lo mismo, cada trazo da cuenta de una inhalación o de una exhalación, las registra. El objeto muestra entonces la experiencia del cuerpo en una cierta posición y haciendo uso de una herramienta predeterminada. Vemos formas que se construyen alrededor de un centro o a lo largo de un eje, vertical u horizontal, siguiendo la lógica del cuerpo, usando sus posibilidades y explorando sus límites. Vemos simetrías que tienen como punto de referencia (¿o de fuga?) el cuerpo humano y que están atravesadas por su pulso; la mano tiembla. Imaginamos el lugar que el cuerpo ocupaba frente a la superficie, mientras trazaba, y sentimos su velocidad.

Reparemos además un instante en el título de la muestra: Hemisferios.

Por definición, hemisferios puede referirse tanto a las mitades del cerebro, como a las mitades de la superficie de la Tierra. Es ahí en ese límite, entre el adentro y el afuera, que se sitúa el cuerpo. Sus ejes frente a los ejes del espacio, su verticalidad frente a los muros, su horizontalidad frente al horizonte, etcétera. Galia misma dice que su proceso artístico “es un intento por buscar puentes entre el espacio interior y el exterior. De una forma u otra mi trabajo habla de un organismo vivo [ … ]”.

Saliendo de la exposición, vinieron dos cosas a mi mente.

La Cueva de las Manos, sitio arqueológico ubicado en el noroeste de la provincia de Santa Cruz en la Patagonia argentina. En ese lugar la mayoría de las representaciones muestran negativos de manos. Éstas son evidencia del retorno continuo, de la ocupación del lugar durante nueve mil años. Los cazadores-recolectores regresaban año tras año. En este ritual se producían huellas que daban cuenta de la presencia de los cuerpos en el lugar y del paso del tiempo.

Después de publicar Seis años: La desmaterialización del objeto artístico (1973), Lucy R. Lippard (nacida en 1937), la curadora y crítica de arte, cronista del minimalismo y del arte conceptual, decidió cambiar su enfoque y centrarse en la escritura y visibilización del arte de las mujeres.

En su ya clásico libro sobre el arte contemporáneo y su conexión con sitios y símbolos prehistóricos titulado Overlay: Contemporary Art and the Art of the Prehistory (1995), podemos leer que “una costumbre esquimal propone a las personas enojadas conseguir alivio y liberación, sacando la emoción de su sistema, mientras atraviesan el paisaje caminando en línea recta; el punto en el que la cólera se conquista, se marca con una vara, atestiguando fuerza o duración del enojo”. En este ritual se produce una huella para dar cuenta del cambio (anímico).

En el caso de Galia las acciones están pensadas para posibilitar un estado de conciencia (¿o distanciamiento?) en el cual la artista pueda mirarse a sí misma existir-hacer.

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