Opinión

Hélio Oiticica

 
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Hélio Oiticica. (www.wikiwand.com)

El pasado 22 de marzo se conmemoró el día de la muerte del artista brasileño Hélio Oiticica, quien falleció -en 1980- teniendo apenas 43 años, y quien fuera parte del movimiento llamado Neo-Concretismo, del cual también los artistas Lygia Clark y Cildo Meireles formaron parte.

El Manifiesto Neoconcreto fue publicado en O Jornal do Brasil (igualmente) un 22 de marzo, pero del año 1959, por el poeta y crítico de arte brasileño Ferreira Gullar, quien situó, englobó y dio contexto a estas prácticas artísticas.

Se puede leer al final del manifiesto que no se trata de un grupo, sino de investigaciones evidentemente afines. Además, declaran: “No consideramos la obra de arte ni como ‘máquina’ ni como ‘objeto’, sino como un quasi-corpus, o sea, como un ser cuya realidad no se agota en las relaciones exteriores de sus elementos [...]”. El punto de partida de éste es la forma, en la que pintura y geometría son retomadas, desplegadas del plano al volumen y desplazadas al cuerpo y al espacio, introduciendo diferencias formales que se vuelven rupturas y enunciados ideológicos. No más racionalismo, no más purismo. No más colonización intelectual.

A cambio: ritmo, sensibilidad, sitio-especificidad, contexto y crítica social. El prefijo neo indica que esta corriente artística respondía a y se distanciaba del racionalismo exacerbado de la corriente pictórica, abstracta del Concretismo europeo.

A la par de su vasta producción visual y plástica, Hélio Oiticica conceptualizaba y, sobre todo, escribía sobre su propio trabajo. No todos los artistas tienen este hábito. Tres de los conceptos centrales de su proceso, mismos que señalan y denominan tres líneas importantes de investigación son, yendo del plano al volumen, del espacio al cuerpo, del cuerpo a lo político: los Metaesquemas, los Penetrables y los Parangolés.

Los Metaesquemas son más de 350 gouaches de pequeña escala de formas geométricas, monócromas y opacas. Su distribución sobre el fondo de cartón remite a un leve desorden, a formas en movimiento, formas que bailan. En su mayoría se trata de colores primarios, pues su punto de partida son las obras abstractas de Piet Mondrian y Kazimir Malevich.

Los Penetrables son “ambientes cromáticos”, planos de color en el espacio. Éstos guardan entre sí una relación de ángulos de 90 grados, la cual hace que los espacios entre los planos sean igual de importantes que ellos mismos. Se trata de las ideas ya presentes en los Metaesquemas, llevadas al espacio (real). Este gran paso significa no sólo la expansión del espacio pictórico, sino que permite que las “pinturas” sean penetradas y recorridas por el espectador, haciendo del espectador pasivo un participante activo.

Los Parangolés son unas capas de color que el cuerpo porta. Una vez más el espacio pictórico se expande, ahora la expansión tiene el propósito de incluir el cuerpo humano. El espectador al usar esta capa de color se convierte en participante, pasa a ser centro de la obra. La activa, porque hace que suceda. Las capas son en tanto que incorporan al cuerpo en movimiento, y es así como no sólo pueden hablar de libertad (de expresión), sino volvernos partícipes y cómplices de ella.

Aunque el Neo-Concretismo brasileño es un referente medular para muchos artistas contemporáneos, fue, sin embargo, muy poco a poco que la obra de este extraordinario artista empezó a ser conocida y reconocida fuera de Brasil. Su primera gran retrospectiva se llevó a cabo en 1992 -12 años después de que falleciera- en la Fundación Antoni Tàpies en Barcelona; Hélio Oiticica hubiera tenido sólo 55 años.

Oiticica dejó tras de sí un cuerpo de obra que sigue en movimiento y del cual es difícil imaginar el desenlace; un pensador arriesgado, un verdadero aventurero, en fin, uno de los grandes.

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