Opinión

Hechos y derechos

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ME. Arne, el síntoma y la enfermedad.

Un colega me comentó hace unos días que ciertos gobiernos y empresas tenían de vez en cuando ocurrencias en materia de gestión que no dejaban huella alguna, y que eran sobre todo fuegos de artificio de ánimo populista. Ciertamente, las ocurrencias no son tan malas, en tanto que pueden ser buenas ideas, siempre y cuando
se ejecuten y comuniquen de forma óptima, y demuestren su efecto e impacto transformador en la sociedad. Si esto último fracasa, ocasionan más problemas que beneficios.

Arne aus den Ruthen, funcionario de la delegación de Miguel Hidalgo, ha sido alabado y criticado públicamente por utilizar Periscope para denunciar a aquellos ciudadanos que no cumplían con las leyes y normas básicas de convivencia. De alguna manera, es algo parecido a lo que hacen los Supercívicos con su videoblog cargado de ironía y sentido del humor, y que ha logrado importantes cotas de popularidad y cierto impacto social.

Muchos critican la intromisión que suponen este tipo de actuaciones en el derecho al honor y a la intimidad de las personas, una cuestión que, por cierto, carece de un profundo desarrollo reglamentario en las leyes mexicanas, y por tanto deja a muchos ciudadanos y empresas desprotegidos ante violaciones del mismo bastante frecuentes.

Marty Baron, editor del Washington Post, dijo recientemente que “el periodismo es pedirle cuentas a las instituciones poderosas”. Visto de esa manera, lo que Arne y los Supercívicos hacen es lo que muchos denominan “periodismo ciudadano” al evidenciar y cuestionar ciertos abusos de poder. Sus defensores tienen, pues, parte de razón a la hora de justificar los medios que utilizan para conseguir tan noble fin.

Todo lo anterior nos deja dos aprendizajes valiosos sobre los cuales trabajar. Por un lado, el desarrollo normativo y jurídico de las sociedades debe acompañar su madurez social y democrática. Así, los efectos positivos de la economía colaborativa son más que el deterioro de la situación para ciertos colectivos que se resisten a la evolución y desean vivir en el eterno proteccionismo. De igual manera, la demanda de cambio en las constituciones o las leyes electorales viene propulsada por realidades sociales inexorables. Muchas veces, cuestionar el sistema y ponerlo a prueba es sano para la convivencia democrática. Como dijo El Quijote, las personas lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo son las que lo cambian.

En el otro lado, podemos ser muy efectivos si gestionamos la comunicación de lo que hacemos de forma, igualmente, disruptiva. Por ejemplo, con un ánimo más pedagógico que propagandístico, o siendo creativos en la utilización de los canales o actores de la comunicación. Ahí tenemos mucho que aprender de lo que el tercer sector hace, e igualmente los casos de Lego o Google, más allá de que nuestra empresa o institución tenga que obedecer ciertas reglas del juego o cánones. Al igual que en el punto anterior, desafiar la convención y el statu quo tiene una recompensa de proporciones colosales.

*Socio y Director General LLORENTE & CUENCA México