Opinión

Hecatombes

Gil estaba leyendo sus periódicos con los ojos de plato. Esta frase parece simple, el acto de leer también, pero en estos días los diarios se han convertido en un sinónimo de tempestad. Pase usted al desastre, al pesimismo, a la hecatombe. Los periódicos son efectivamente un reflejo de la realidad. De eso quiere escribir Gamés, de la hecatombe.

Gil lee y relee a analistas políticos que pondera y la piel se le pone de gallina. Si en realidad ocurriera la mitad de lo que algunos de nuestros mejores articulistas expresan en sus espacios periodísticos, ya podemos hacer la maleta y mudarnos. No es chiste. Luis Rubio es uno de los más inteligentes y sensatos contribuyentes al estudio serio de la vida nacional, un gambusino de la claridad del horizonte público. Gil leyó el más reciente artículo de Rubio publicado en su periódico Reforma. Es para tirarse de un puente.

El cucharón

Si un hombre inteligente, con experiencia y conocimiento como Rubio, considera que México ha llegado a ese momento en el cual una tormenta perfecta puede convertirse en una guerra civil, Gilga se esconde en uno de los closets de su amplia casa. No es la "casa blanca", pero se defiende. Un enjambre de sucesos aparentemente inconexos podrían arrojar al país a una conflagración política. No le falta sentido a esta aseveración: Politécnico, gobierno ausente, Morena, Gobernación, Iguala, Ayotzinapa, economía jodida, los Abarca y ¡bum!

Gamés mete su cuchara grande: hasta el día de ayer, 1 de diciembre de 2014, una corriente política proponía que el presidente Peña renunciara a la presidencia. Lo que parecía una broma loca de Liópez se convirtió en una sustancia espesa, consistente.

Gil lo ha escrito en esta página del fondo: el corazón golpista de Liópez funcionó a la perfección persuadiendo a muchas personas de que el presidente Peña podría renunciar. Vengan los jitomatazos. ¿Alguien tiene una manopla? Qué fácil: que renuncie Peña. Ya en serio: ¿y luego? En situaciones análogas o por circunstancias similares, Obama, Putin, Hollande y Merkel habrían renunciado a sus altos cargos. Salvo algunos franceses más o menos radicales, a nadie en su sano juicio se le ocurre que la renuncia de un presidente arregle los problemas de una nación. Me voy, que venga Liópez, el sí sabe cómo hacerlo. Anjá. ¿Y su nieve?

¡Fuego!

Otro de los articulistas que Gil tiene en alta estima: Jesús Silva-Herzog Márquez. Gamés no se lo pierde, un periodista serio y sereno, ¡ups! Está hecho un basilisco, furibundo en contra del presidente Peña, casi de un modo personal. No es para menos: la "casa blanca" ha exhibido no sólo un conflicto de intereses sino una forma de ver la vida, acudir a la vida, acometer a la vida, o como se diga.

Silva-Herzog echa fuego por la boca y en eso se acerca a las personas indignadas que en las marchas gritan, vociferan (más jitomatazos). De paso Gamés declara: la masa le parece vil (se acabaron los jitomates, vengan los huevazos), los individuos, en cambio, son muchas veces rescatables y dueños de los mejores valores. En fon.

Gil pensaba esta sonsera: usted está en un cine repleto y se va la luz. Es obvio que el cine no tiene una planta de energía y que en el interior hay una enorme inquietud. Usted está en la oscuridad y por casualidades de la vida sabe de seguridad en los interiores y en fon, ¿gritaría ¡fuego!?, ¿aún cuando no estuviera convencido de que en efecto hay fuego?

No le hagan mucho caso a Gilga que se siente tan alarmado y molesto como Rubio y Silva-Herzog. El presidente ha hecho una exposición sobre la seguridad. Medidas vienen, medidas van. A Silva-Herzog le parece sumamente deficiente ese plan, como si el presidente trasladara la responsabilidad de la seguridad a la sociedad en pleno (ad-ad-ad). De acuerdo. Estamos en el hoyo profundo (no empiecen).

Leo Zuckerman afirma que hay un elefante en la sala de la casa mexicana: se trata de la "casa blanca". Tiene razón, el escandaloso conflicto de intereses que se ha documentado entre el presidente y uno de sus contratistas estrella en el Estado de México ha terminado por completar lo que Luis Rubio enuncia como un conjunto de hechos que no tienen que ver entre sí y sin embargo ocasionan una hecatombe. Cierto, Peña Nieto podría ser otro presidente que ha intentado reformar el país y ha terminado hundido en el descrédito por diversos casos de corrupción.

Gamés se lleva los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y cavila: ¿Ocurre una hecatombe en México? ¿Estamos a punto de una revuelta social masiva? ¿Podría Peña Nieto terminar su mandato? Gil considera que ninguna de estas tres cosas han empezado a ocurrir todavía. En fon.

La máxima de Benjamin Franklin espetó dentro del ático de las frases célebres: “Lo que empieza en cólera acaba en vergüenza”.


Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX