Opinión
MIGUEL BARBOSA, líder del PRD en el Senado

“He antepuesto al PRD casi ante todo”

  
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Miguel Barbosa

Miguel Barbosa despliega una fotografía en blanco y negro ampliada al tamaño de un póster. Una fila de hombres en traje mira atenta a un niño pequeño que habla al micrófono. Barbosa apunta con el índice: “Este era el director del CAPFCE (Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas); este otro es un tío mío que era diputado federal; este es un hermano de mi papá que era presidente municipal”. Sigue: otro tío, una vieja maestra, un primo mayor.

El niño era Barbosa, y estaba pidiendo un piano para su escuela. Es posible que el piano haya acabado en la casa de uno de sus parientes.

-¿Por qué?

-Porque así era la política.

-¿Era?

-Es– concede.

La historia no está confirmada. Se sospecha que el piano terminó ahí, pero es sólo una sospecha, como todas las de la política.

Miguel Barbosa Huerta proviene de dos familias de pueblos cercanos a Tehuacán. Entre los Barbosa hubo dos generales revolucionarios, asesinados ambos, uno en 1911 y otro en 1925. Miguel Barbosa Martínez asumió el liderazgo político de su estirpe. Tuvo por hijo a Miguel Barbosa Valiente y éste a Miguel Barbosa Huerta.

La familia Huerta no era ajena a la política, pero tampoco era priista. Miguel Huerta Valerio, el abuelo materno, fue un hombre apegado a la religión. Su hija Teresa Huerta se dedicaba a la agricultura. Tenía propiedades que heredó en Zinacantepec. “En mi casa privaban las conversaciones sobre política. Formaron mi espíritu”.

Cuando Miguel tenía diez años, los Barbosa Huerta se fueron a vivir a Tehuacán porque el primogénito terminó la primaria y no había secundaria en Zinacantepec, donde la familia conserva su casa: “En ese pueblo está el centro de mi ánimo”.

* * *
Miguel Barbosa Valiente riñó con su parentela política por un asunto patrimonial. Eso lo orilló a salir del PRI. Amador Hernández, su cuñado y adversario, era el cacique del pueblo.

Los hijos debían ingresar a la universidad, pero su madre les prohibió quedarse en Puebla. “Ahí estaban los comunistas”, en la BUAP (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla). Cuatro de los cinco estudiaron en la UNAM. El otro, en el Politécnico. “Mi mamá se empeñó, pero lo cierto es que nos volvimos marxistas en la preparatoria. Había una dominación de la enseñanza de la ciencia política y del marxismo. Leí El Capital, o lo intenté, y los libros clásicos de esa época, que venían patrocinados desde Rusia; los libros de Marta Harnecker también. Yo creía en la lucha de clases. Mi primer voto, en 1977, fue por el Partido Comunista, para que obtuviera su registro. Mucho tiempo después, cuando fui presidente del PRD de Puebla, me reía para adentro porque todos aquellos a los que mi madre quiso que evitara en la BUAP, me los encontré en el partido”.

Barbosa volvió a Tehuacán como abogado por la Universidad Nacional. Durante 15 años fue litigante. “Fue una época muy placentera, pero me desfasé”. Hasta que se convirtió al perredismo en 1994 y tres años después alcanzó la dirigencia estatal.

“Siempre estuve inconforme en el PRI. En el 94 me emocionó Cárdenas y por eso me fui. Conocí el mundo de la inequidad política. Ese año, los candidatos en Puebla recibían mil pesos y un rollo de panfletos como apoyo para sus campañas. Yo les ofrecí una oficina en el centro de Tehuacán, pero me la rechazaron; dijeron que no se querían parecer a los priistas”.

Barbosa disfruta lo que hace, y lo hace 'a tope'. “Tengo una regla de vida: mientras sea yo el que más tiempo le dedique a algo, me irá bien. Cuando haya otro que le dedique a aquello más tiempo que yo, le va a ir mejor a él. Por eso todo lo hago con mucha pasión, y hasta puedo llegar a ser obsesivo”.

El senador se considera un hombre de partido, “y faltaba más, pues por mi pertenencia al PRD he antepuesto el partido casi a todo”. Sin embargo, el coordinador de la fracción, hasta ahora, recientemente llamó a los perredistas a apoyar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República en 2018. Poco le importó a Barbosa haber expresado públicamente su respaldo al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera. Este “mancerista pronunciado”, como se había definido, argumentó así el bandazo: “Veo que Mancera quedó atrapado en la telaraña de las corrientes políticas, que se enfrentó con ellas y yo se lo aplaudí, pero después se debilitó su posición y ahora juega el papel que le ponen los expertos de la mentira.

“Que quede claro, no estoy en la ruta de buscar una candidatura por Morena. Es un asunto de congruencia”, dijo.

Mientras sus correligionarios definen si permanecerá o no al frente de la fracción parlamentaria, Barbosa delinea su futuro. Su periodo en el Senado termina el 31 de agosto de 2018.

-¿Luego qué?

-Luego nada. Yo me preparé para ser candidato y gobernador, y estoy listo. Si no me hubiera ido bien como senador ni como coordinador o como presidente del Senado, no tendría yo ninguna posibilidad de aspirar a nada. Pero me fue bien, me volví un personaje conocido en todo el país y aquí estoy, listo, como dije.

Barbosa asegura que sus gestiones en Puebla rivalizan incluso con las del exgobernador Rafael Moreno Valle. “Yo a Moreno Valle le conseguí muchos millones de pesos para sus grandes obras, pero al margen de eso, yo he realizado gestión social como nunca nadie la hizo”.

Insiste: “Tengo todo. Programa de gobierno, estrategia. De broma digo que ya tengo hasta las camionetas. Lo que no tengo es partido”.

-Pues eso es una desgracia.

-¿Qué hace un político sin partido? Como dicen, es más peligroso un político sin cargo que un guerrillero con ametralladora. Pero todo cambia… la política es coyuntural. Yo no bajo los brazos para obtener la candidatura a gobernador, aunque no he tomado la decisión de buscarla. Si mi convicción y mis principios no me llevan a un cargo, no importa. Soy un hombre de cincuenta y siete años, con un pie menos, dos hijos profesionistas y tengo una mujer que me ama. ¿Qué más puedo pedirle yo a la vida?

Twitter: @maria_scherer_i

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