Opinión

Hay una estrategia trumpiana

 
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Trump

Mientras el gobierno de México insiste en que la actualización del TLCAN “debe hacer de Norteamérica una región más fuerte”, el de Trump sólo cree en que “Primero es América”. No persiguen lo mismo.

Mientras Ildefonso Guajardo repite que “nuestros países tienen como objetivo común hacer que la zona del TLC sea fuerte y moderna”, el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, no va tras un objetivo común sino por “un nuevo equilibrio de este terrible déficit comercial” de EU con México. Las metas son diferentes.

Cuando un país tiene déficit comercial significa que consume más de lo que produce; para reducir el déficit puede intentar elevar la producción interna o las exportaciones, o ambas cosas.

Ante la debilidad de la demanda en todo el mundo, aumentar exportaciones es complicado; la estrategia de Trump es tratar de que industrias y capitales estadounidenses que han fraccionado sus cadenas de valor en la economía global, regresen parte de su producción a territorio estadounidense.

Trump no piensa, como sí lo han hecho nuestros gobiernos desde el de Salinas hasta el de Peña Nieto, que México sea parte del territorio económico estadounidense. Está decidido a reindustrializar la economía de su país, porque no entiende que la competitividad industrial depende de los bajos salarios que paga al fraccionar sus cadenas de valor.

Ignorante de eso, Trump está en campaña de repatriación de capitales; el artículo de Jacques Rogozinski (EL FINANCIERO, 16/10/2017) destaca un aspecto crucial de la estrategia: una reforma fiscal que, de aprobarse, reduciría de 35 a 20 por ciento la carga fiscal de las empresas y daría otros incentivos para que las filiales de corporaciones estadounidenses en todo el mundo repatrien las ganancias que mantienen fuera del país.

Son alrededor de 2.5 millones de millones de dólares que podrían salir muy rápido de los fondos y acciones extranjeros en que estén invertidos, como la Bolsa Mexicana de Valores.

Como dice Rogozinski, “el efecto puede ser más nocivo que el de un resultado negativo de las negociaciones del TLCAN”.

Si la estrategia le funciona a Trump provocaría en su país un corto periodo de auge en crecimiento económico y en el valor de las acciones de las corporaciones beneficiadas, mientras que la salida masiva de inversiones en valores que regresaran a EU pondría en serios problemas a las economías de casi todo el mundo, la de México desde luego.

El plan B del gobierno mexicano tendría que contemplar no sólo la posible cancelación del TLCAN, sino la salida masiva de capitales de la BMV y una estrategia para elevar el ahorro interno de inversión y para atraer inversiones europeas y asiáticas.

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